martes, 10 de julio de 2012

La Profecía del Emperador Ashoka.

Esto he oído: cierta vez el Iluminado estaba residiendo en la ciudad de Sravasti, en el Monasterio de Jetavana, en el Parque de Anathapindika. En una ocasión, cuando el Buda y Ananda habían ido a hacer la ronda de limosnas, había algunos niños jugando en el borde del camino; construyendo casas del tesoro de juguete. Uno de los niños, viendo aproximarse al Buda se regocijó, y pensando que adquiriría mérito, cogió un puñado de tierra, e intentó dárselo al Buda; pero puesto que era tan pequeño, no pudo alcanzar la escudilla de las limosnas, y le pidió a otro niño que lo izara sobre sus hombros. El chico hizo esto, y cuando el Buda bajó su cuenco, él arrojó su puñado de tierra dentro de la escudilla de las limosnas. El Buda lo aceptó, y entregándole el cuenco a Ananda, dijo: “Lleva esta tierra al monasterio, y espárcela. Ananda, cien años después de que yo haya alcanzado el Paranirvana, este niñito, en virtud de haberme hecho una ofrenda con gran alegría, y en virtud de haber sido esparcida en el monasterio, renacerá como el Emperador Ashoka. El niño que le aupó sobre sus hombros, renacerá como su ministro. El emperador gobernará sobre toda India, y hará conocer a todos las bendiciones de las Tres Joyas. El venerará mis reliquias erigiendo ochenta y cuatro mil estupas.”

Ananda, lleno de regocijo, lo creyó, y le preguntó al Buda: “Señor, ¿Debido a haber realizado qué virtudes serán erigidas tantas estupas para las reliquias del Tathagata?”

El Buda respondió: “Escucha con atención Ananda, y guárdalo bien en tú mente. En edades muy lejanas, hubo un rey en esta tierra de Jambudvipa llamado Vidente Claro, el cual tenía ochenta y cuatro mil reyes menores que eran súbditos suyos. En aquel tiempo, el Buda Bursa había ido a dicho mundo, y el  rey y sus ministros prepararon las cuatro necesidades, y se las ofrecieron al Buda y a la Sangha. Aunque el rey y toda su gente constantemente honraban al Buda y le hacían ofrendas, los reyes subordinados no conseguían virtud de esta forma. Para que estos reyes, y el común de la gente pudiera aprender el Dharma, el rey pensó en tener una imagen de Buda pintada para mandárselas a cada uno de ellos. El mandó llamar a todos sus artistas juntándolos, y les ordenó que pintaran una imagen perfecta del Buda. Cuando los artistas estuvieron ante el Buda y vieron sus señales, fueron incapaces de reproducirlas. Por consiguiente, el propio Buda preparó los colores, pintó su propia imagen, y se la dio a ellos.

A partir de esa imagen, los artistas hicieron ochenta y cuatro mil, y el rey se las envió a los reyes subordinados junto con la siguiente proclama: “¡Nobles reyes, y pueblo! Honrad estas imágenes del Señor con flores e incienso; y hacedles ofrendas de las cosas necesarias.”

Cuando la gente vio aquellas imágenes del Tathagata se regocijaron, tuvieron fe, y las honraron.

Ananda, en aquel tiempo, yo era ese rey; puesto que yo tuve las ochenta y cuatro mil imágenes del Tathagata, y se las di a aquellos reyes subordinados, siempre que renací, yo fui Indra, el gobernante de los dioses más elevados.

Ahora yo he alcanzado la Budeidad, y estoy dotado con las treinta y dos marcas de un gran ser; y con las ochenta marcas de perfección secundarias, y cuando alcance mi Paranirvana, serán construidas ochenta y cuatro mil estupas para mis reliquias.”

Cuando el Buda terminó de pronunciar estas palabras, Ananda y toda la gran asamblea se alegraron, y regocijaron.

 

 

 

Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

 

miércoles, 4 de julio de 2012

La Monja Utpala.

Esto he oído: cierta vez el Buda estaba residiendo en la ciudad de Sravasti, en el Monasterio de Jetavana, en el Parque de Anathapindika.

Tras la muerte del Rey Prasenajit, su hijo Vaidurya ascendió al trono. Debido a que los reyes vasallos no reinaban gobernando de acuerdo al Dharma, fueron incontables los matados siendo pisados por elefantes (una forma de ejecución). Muchas mujeres de las castas más elevadas, viendo esto, abandonaron la vida mundana, y se hicieron monjas. Algunas de estas mujeres eran del clan de los Sakya y de la familia real, y eran agradables y bellas más allá de toda comparación. Cuando quinientas de estas mujeres abandonaron el deseo y el placer, y se unieron a la Sangha, toda la gente del país se alegró, y contribuyeron para cubrir sus necesidades.

Una vez, estas monjas se dijeron unas a otras: “Aunque hemos tomado los votos, aún no hemos degustado el aroma del Dharma; no hemos abandonado el apego, el odio, o la ignorancia, y esto es un error. Vayamos a la monja Prajapati, y escuchemos el Dharma.”

Entonces se dirigieron a dónde se encontraba la monja Prajapati, se postraron ante ella, y le dijeron: “Hermana, cuando fuimos ordenadas no probamos el néctar del Dharma. Te imploramos que nos lo des tú.”

La monja Prajapati les respondió: “Todas vosotras sois de las castas más elevadas y tenéis los siete tesoros: elefantes, caballos, ministros, hombres y mujeres sirvientes, campos de cultivo, y riquezas. ¿Por qué abandonasteis todo esto, cuando sois incapaces de separaros de los placeres debido a los engaños, como hice yo, y de entrar en la enseñanza? Vosotras haríais mejor en volver a vuestros hogares, y disfrutar con vuestros maridos e hijos, y ser felices durante esta vida.”

Cuando oyeron esto, las mujeres lloraron, y se marcharon. Entonces fueron a una monja llamada Utpala, se postraron ante ella, le preguntaron por su salud, y le dijeron: “Hermana, aunque hemos renunciado al mundo y nos hemos hecho monjas, nosotras aún estamos encadenadas por el deseo y el placer, y somos incapaces de liberarnos de las impurezas. Te imploramos, hermana, que nos instruyas en el Supremo Dharma.”

La monja Utpala les dijo: “Preguntad cualquier cosa que deseéis respecto al pasado, presente, o futuro, y yo os lo contaré.”

Las monjas le respondieron: “Hermana, dejemos el pasado y el futuro por el momento; te suplicamos que nos enseñes el Dharma del presente, y que elimines nuestras dudas.”

La monja Utpala dijo: “El apego es como el fuego. Incluso ríos y montañas son consumidos por él, y eventualmente lo quema todo como si fuera hierba. A través del poder del apego, uno hace daño a los demás, y debido a ello cae en los tres malos renacimientos, y entonces no hay medios para alcanzar la liberación. Cuando una mujer se casa, ella verdaderamente está sujeta al sufrimiento. Si ella se ve separada de su marido, siente pesar. El nacimiento, la enfermedad, la vejez, la muerte, y el castigo del rey, todas ellas son miserias que no se pueden mitigar. Si cuando alguien muere renace en el infierno, eso también es un sufrimiento sin fin. Para una persona casada hay poca felicidad, y mucho dolor.

Mis padres eran mendicantes, aunque pertenecían a una casta alta. Ellos me casaron con un mendicante, un hombre sabio e inteligente, alguien que había oído muchas enseñanzas, y tuvimos un hijo. Más tarde, cuando los padres de mi esposo murieron, yo volví a quedar encinta. Cuando se fue acercando el momento del nacimiento del niño, yo le dije a mi marido que deseaba volver a casa de mis padres, y tener al niño allí. Mi marido aceptó, y los tres nos pusimos en marcha. Cuando llegamos a la Provincia Central, mis dolores de parto  comenzaron. Llegue a sentirme mal, y me acosté bajo un árbol, dando a luz a medianoche. Mi marido estaba durmiendo a una cierta distancia. Durante la noche, él fue mordido por una serpiente venenosa. Y fue incapaz de pedir ayuda. Por la mañana, justo al amanecer, yo lo encontré muerto, con su cuerpo ya comenzando a desintegrarse. Yo me desmayé, pero mi hijo, al ver a su padre tirado allí muerto, empezó a gritar. Sus gritos me devolvieron a la consciencia. Me levanté, puse a mi hijo mayor a mi espalda, llevando al bebé junto a mi pecho, y llorando porque ahora ya no tenía a mi querido esposo, nos fuimos. Pasamos a través de un desolado yermo y llegamos a un profundo y ancho rio. Incapaz de llevar conmigo a los dos niños al mismo tiempo, dejé al niño mayor en la orilla, y puse sobre mí al bebé. Entonces, cuando yo volvía para coger al primero de los niños, él saltó al agua tan pronto como me vio, y fue arrastrado por la corriente. Cuando volví a la otra orilla encontré que un lobo se había comido a mi bebé, y que su sangre aún estaba en el suelo.

Yo comencé a andar sola, y durante el trayecto me encontré en el camino a un mendicante que era pariente nuestro. Me preguntó a dónde iba, y por qué estaba viajando sola. Cuando yo le pregunté acerca de mis padres, él dijo: “La casa de tus padres ha sido derruida por un incendio, y toda la gente que vivía allí murió quemada viva. Tus padres ya no están entre los vivos.”

Yo me desmayé después de oir esto, pero mi pariente me ayudó a ponerme en pie, y me llevó a su casa, donde me cuidó con gran cariño, como si fuera su propia hija. Yo viví allí felizmente durante un tiempo; entonces un mendicante me pidió matrimonio. Yo me casé con él, y éramos felices. Yo me quedé encinta otra vez, y cuando llegó la hora de alumbrar al niño, mi marido se fue a un festival. Yo cerré la puerta, y estaba sentada con los dolores del parto cuando mi marido regresó borracho, el llamó a la puerta, y como nadie fue a abrir, derribó la puerta, entró, y comenzó a golpearme. Cuando yo grité: “¡No me golpees!¿No ves que estoy pariendo un hijo?”, el se puso aún más furioso. Mató al bebé que había acabado de nacer, lo frió en aceite, y me hizo comerlo, aunque yo protestaba que no podía comer la carne de mi propio hijo.  Más tarde lo abandoné, y me marché a Benarés.

Mientras estaba sentada bajo un árbol en las afueras de Benarés, un grupo de personas pasó llevando el cuerpo de la esposa de un joven cabeza de familia. Mientras el cabeza de familia estaba sentado llorando por su esposa a la que estaba muy apegado, me vio, y se dirigió a mí con estas palabras:” Mujer, ¿cuál es la razón por la que estás sentada aquí sola?”

Yo le conté todo lo que había sucedido, y el dijo: “Tú y yo seremos hombre y mujer.” Yo acepté, nos casamos, y no mucho después él murió. En aquel lugar era costumbre que cuando el marido fallecía, su esposa era abandonada con su cuerpo, y era enterrada con él. Durante la noche, un ladrón vino a robar las pertenencias del cuerpo del difunto, y mientras escavaba en la tumba, me encontró a mí, y me cogió para él.

El fue capturado mientras estaba robando, y fue ejecutado por orden del rey. Entonces sus hermanos me enterraron en tierra, junto con su cuerpo. Tres días más tarde, un lobo me desenterró, y pude escapar. Entonces yo pensé: “¿Debido a qué  malas acciones pasadas yo me encuentro con el desastre tantas veces, y sin embargo de alguna forma me recobro? Yo he oído que un hijo de los Sakyas a alcanzado la iluminación. El es llamado el Buda, y es famoso por conocer el pasado y el futuro. Iré a él, y él me salvará.”

Entonces yo me dirigí al Parque de Anathapindika, y desde la distancia vi al Buda sentado como si fuera un árbol en plena floración, como la Luna llena en medio de muchas estrellas. Y el Buda, que con su omnisciencia, sabía que yo había ido para ser convertida, se levantó, y me dijo: “Ven”

Yo estaba turbada y avergonzada, y abrochando mi pecho, me senté en el suelo. Entonces el Buda le dijo a Ananda: “Ananda, viste a esta mujer con tu propio hábito”

Ananda me dio su hábito, y yo lo puse, me postré a los pies del Buda, junté mis manos, y dije: “Señor, por tu gran compasión, ordéname”

El Buda le dijo a Ananda: “Ananda, esta mujer va a ser ordenada monja. Llévala a la monja Prajapati”

Cuando la monja Prajapati me ordenó, y me enseño la Doctrina de las Cuatro Nobles Verdades, yo rápidamente la apliqué, y alcancé el fruto de un Arhat, y ahora conozco todas las cosas del pasado, del presente, y de futuro.”

Entonces las monjas le preguntaron: “Hermana, ¿Habiendo hecho qué tipo de acciones has cosechado tal fruto?”

Utpala dijo: “Escuchad bien todas vosotras, y guardadlo en vuestra mente, que yo os lo explicaré. En épocas pasadas, había un hombre muy rico, a quien al no haberle nacido ningún hijo con su primera esposa, se casó de nuevo, y esta segunda esposa pronto le dio un hijo. El padre y la madre amaban al niño, y lo cuidaban con gran ternura.

La primera esposa pensó: “Aunque mi familia es de una casta elevada, no hay ningún hijo que la continúe. Cuando este chico crezca, él heredará toda la propiedad, no me dará nada, y yo estaré en la miseria.”

Con estos pensamientos de malicia y de deseo de mal surgiendo en su mente, ella decidió matar al niño. Cogiendo una aguja, ella perforó la parte blanda de su cabeza, y pronto el niño murió. Puesto que no había marcas, nadie sabía lo que había sucedido, pero la segunda esposa la acusó de haber matado a su bebé.

La primera esposa solemnemente juró: “Si yo he matado a tu hijo, ¡Que en mis vidas futuras, puedan mis maridos ser mordidos por serpientes venenosas! Si yo tengo un hijo, ¡Que pueda él ser devorado por un lobo! ¡Que pueda yo ser enterrada viva, y comer la carne de mi propio hijo! ¡Que puedan mi padre y mi madre ser quemados vivos dentro de su propia casa! Yo fui esa primera esposa que hizo ese juramento en aquellos tiempos, y ahora todos los malos karmas de aquel juramento han fructificado.”

Entonces las monjas le preguntaron: “Hermana, ¿Debido a ejecutar qué tipos de acciones virtuosas te ha dado la bienvenida y ordenado el Buda, y has alcanzado ahora el fin del samsara?”

Utpala respondió: “Hace mucho tiempo, en la tierra de Benarés, había una montaña llamada El Lugar de Reunión de los Sabios Renunciantes, en la que vivían muchos Pratyekabuddhas, Shravakas, y aquellos dotados de poderes espirituales. En cierta ocasión, cuando un Pratyekabuddha había ido a la ciudad en busca de limosnas, la esposa de un cabeza de familia lo vio, se regocijó, y le ofreció comida. A continuación, el Pratyekabuddha se elevó en el cielo, y de su cuerpo surgía luz y manaba agua, y andaba, se sentaba, y se acostaba en el cielo, exhibiendo muchos poderes.

La esposa del cabeza de familia hizo un voto:”Ah, Santo, ¡Que en el futuro pueda yo llegar a ser como tú!”

Era yo quien hizo aquel voto en aquellos tiempos, y ha sido gracias al poder de ese voto por lo que yo he encontrado al Buda ahora, y mi mente ha sido liberada. Pero antes de que yo lograra el fruto del Arhat, yo he soportado sufrimientos como si hubiera sido traspasada desde lo alto de mi cabeza, hasta las suelas de mis pies, por un cincel de hierro al rojo vivo”

Cuando las quinientas monjas escucharon esto, comprendieron que el deseo y el placer son como hoyos llenos de fuego, y sus pensamientos de apego cesaron. Comprendieron que los sufrimientos de la vida matrimonial son como una prisión, y cortaron con ella. Sus impurezas cesaron, y cuando entraron en el samadhi de los tres tiempos, ellas se convirtieron en Arhats.

Entonces las monjas, al unísono, le dijeron a la monja Utpala: “Porque tú nos has enseñado el Dharma a nosotras, a nosotras que estábamos completamente encadenadas por el apego, nosotras hemos alcanzado el fin del ciclo de nacimiento y muerte. Te alabamos y te damos las gracias. Cuando uno enseña el Dharma a los demás, y el fruto es realizado, verdaderamente uno llega a ser el hijo, o la hija de los Budas.”

 

 

 

Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

 

 

martes, 3 de julio de 2012

El Primer Surgir de la Compasión en el Buda.

Esto he oído: cierta vez el Buda estaba residiendo en la ciudad de Sravasti, en el Monasterio de Jetavana, en Jardín de Anathapindika. Una vez, cuando los monjes salieron del retiro de verano, se acercaron a dónde se encontraba el Buda, se postraron ante él, y le preguntaron por su salud y bienestar. Cuando el Buda, con una mente de gran compasión, les preguntó a los monjes con gran amor e interés sobre su salud, Ananda dijo: “Señor, ¿desde cuando has tenido semejante amor y compasión por los monjes?”

A ello el Buda respondió: “Ananda, si deseas saber esto, escucha. Hace mucho tiempo, hace muchos eones, un hombre lleno de faltas había nacido en el infierno. Los Yamas, los guardianes del inferno lo uncieron a un carro, y lo hacían tirar de él de un lado a otro sin descanso, golpeándolo con un martillo de hierro. El carro era demasiado pesado para que el hombre tirara de él, y ellos lo golpeaban con sus martillos hasta causarle la muerte, tras lo que volvían a traerle a la vida. Un amigo del hombre lo vio intentando tirar del pesado carro, y el amor y la compasión surgieron en su mente. Se dirigió a los Yamas, y les dijo: “Yo solo, liberaré a ese hombre al que habéis uncido a ese carro.”

Los Yamas se enfurecieron, y golpearon al hombre con sus martillos hasta la muerte; y entonces él renació entre los dioses de los Treinta y Tres.

Ananda, yo era ese hombre que generó esa mente de amor y compasión mientras estaba en el infierno, y desde entonces yo he estado dotado con una mente compasiva hacia todos los seres sintientes.”

Cuando Ananda, y toda la gran asamblea oyeron las palabras del Buda, se regocijaron y creyeron en ellas.

 

 

Trad. por el ignorante  y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

sábado, 30 de junio de 2012

Sutra de Ksantivadin, el Sabio Paciente.

Esto he oído:
Cierta vez, el Buda estaba residiendo en el Bosque de los Bambús del pájaro Kalandaka, en la ciudad de Rajagriha. En aquel tiempo, poco después de que él hubiera alcanzado la Perfecta, Completa e Insuperable Iluminación, el Buda había ordenado a los Cinco, encabezados por Kaundinya, y posteriormente a Nadi Kashyapa y sus mil seguidores. Posteriormente, el Buda ordenó a muchos otros, y eran muchos los que practicaban el Dharma; toda la gente de Rajagriha estaba extremadamente contenta, y alababa al Buda de esta forma: “Ah, el Buda, el Tathagata, ha venido a este mundo, y es extremadamente maravilloso, puesto que Él ayuda a todos los pueblos y naciones.”
Y también decían: “Kaundinya fue el primer monje, y él y Nadi Kashyapa, puesto que fueron los primeros en encontrarse con el Buda, ahora son los primeros en degustar el néctar del Dharma.”
Cuando los monjes oyeron esto, se lo contaron detalladamente al Buda.
Entonces el Señor les dijo: “Hace mucho tiempo, yo con una mente firme hice el voto de que cuando alcanzase la Iluminación, los ayudaría a ellos en primer lugar, antes que a todos los demás.”
Cuando los monjes escucharon estas palabras de los labios del Buda, le preguntaron: “Señor, te pedimos que nos cuentes cómo en un lejano pasado, Tú hiciste un voto tan poderoso con una mente de compasión.”
Entonces el Buda dijo: “Bien, monjes. Escuchad atentamente, y recordad lo que os diré. Hace muchos eones, monjes, tantos eones que no se pueden contar, ni concebir, ni narrar, vivía un rey de Varanasi llamado Kalinga. En aquel tiempo, en las montañas de ese país, moraba un sabio renunciante llamado Ksantivadin, que tenía quinientos discípulos, y que practicaba la meditación en la paciencia.
También en cierta ocasión, el rey, junto con su reina, ministros, y séquito fueron a las montañas para disfrutar del paisaje, y divertirse allí. El rey se sintió cansado, y entonces se quedó dormido. Así que entonces la reina y sus damas se dirigieron al bosque para contemplar y admirar las flores; en el bosque ellas vieron al sabio Ksantivadin, con su cuerpo inmóvil, sentado en una serena majestad. Una mente de fe nació entonces en la reina y en sus damas, y le hicieron ofrendas de distintas clases de flores; y después se sentaron ante el sabio para escucharle hablar del Dharma.
Cuando el rey se despertó, miró a su alrededor, y viendo que la reina no se encontraba presente, se dirigió al bosque en su búsqueda. Cuando las encontró, las estuvo espiando viéndolas sentadas ante el sabio renunciante, y entonces él se dirigió al sabio preguntándole: “¿Has logrado los Cuatro Estados del Gozo?” A esto, el sabio le respondió que no.
Entonces el rey le preguntó que si había conseguido los Cuatro Inconmensurables de Brahma (Brahma-vihara), a lo que el sabio respondió que no.
Entonces el rey le preguntó que si había conseguido las cuatro concentraciones, a lo que también el sabio respondió que no. Ante estas respuestas el rey se enfadó, diciendo: “Puesto que tú no tienes ningún tipo de logro, eres un sinvergüenza. ¿Quién se podría fiar de ti, en este sitio solitario, rodeado por todas estas mujeres? ¿Qué tienes que decir en tu defensa para justificar el que vivas en este lugar tan solitario?”
El sabio respondió: “Aquí, en estas montañas, yo medito en la paciencia”
Desenvainando rápidamente su espada, el rey dijo: “Así que tú meditas en la paciencia, ¿no es así? Bien, te voy a matar. Veremos qué tipo de paciencia es la tuya.” Y tras decir esto, le cortó al sabio las dos manos.
“¿Ahora, quién eres?” le preguntó el rey.
“Soy Ksantivadin” replicó el sabio asceta.
Entonces el rey le cortó sus dos pies con su espada.
“¿Quién eres ahora?” preguntó el rey.
“Soy Ksantivadin” volvió a responder el sabio.
En aquel momento, los cielos y la tierra temblaron de seis formas diferentes, y los quinientos discípulos del sabio vinieron volando por los aires hasta el lugar en el que este se encontraba.
Cuando le vieron en aquel estado, los discípulos le preguntaron: “Maestro, mientras padecías estos insoportables sufrimientos, ¿no has perdido el pensamiento de la paciencia?”
El sabio contestó: “Mi mente nunca ha estado separada de la paciencia ni un solo instante”
Aterrorizado como estaba, el rey le dijo al sabio: “Ah Sabio, cuando me dijiste que eras Ksantivadin, ¿Quién lo hubiera creído?”
El sabio dijo: “Mis palabras no son falsas. Si mis palabras son verdaderas, ¡que pueda mi sangre volverse como leche, y que puedan mis miembros amputados volver a ser como eran antes!”
Apenas el sabio hubo acabado de pronunciar estas palabras, su sangre se convirtió en leche, y sus miembros volvieron a estar como estaban antes.
Al ver esto, el rey se sintió aún más aterrorizado, y dijo: “¡Gran sabio! Yo te he herido debido a la ignorancia y al apego. Yo confieso ante ti todas estas faltas, ¿Tendrás compasión de mi?”
El sabio respondió: “Fue debido a tu apego hacia estas mujeres por lo que tú cortaste mis miembros con una espada. Esto no me hirió porque mi paciencia es como la tierra. Cuando yo alcance la Iluminación de un Buda, yo cortaré tus tres venenos con la espada de la sabiduría”
Cuando los dioses y los nagas de aquellas montañas vieron que el rey había herido al sabio asceta, reunieron y acumularon las nubes, y las trajeron todas juntas. Los nagas rugieron, y arrojaron rayos y truenos desde el cielo, y el rey y sus acompañantes, aterrorizados y viéndose al borde de la muerte, clamaron: “¡Gran Sabio, ten compasión y sálvanos!”
Cuando el sabio les ordenó a los dioses y nagas que no mataran a ningún ser vivo por salvarle a él, estos se calmaron, y desaparecieron.
El rey, tras haber confesado sus faltas, invitó al sabio a su palacio, y le honró con diversos tipos de ofrendas. Cuando mil mendicantes seguidores de otros maestros vieron al rey y a su séquito honrando al sabio Ksantivadin y creyendo en él, llegaron a sentir envidia, y arrojaron basura sobre el sabio.
Los mendicantes que en aquel tiempo arrojaron basura sobre mí, ahora son  Nadi Kashyapa y sus mil monjes. Por mi meditación en la paciencia en aquellos tiempos, generé el voto de que cuando yo alcanzara la Perfecta, Completa e Insuperable Iluminación, yo limpiaría sus impurezas con la lluvia del amrita, y sus apegos serían completamente purificados.
¡Oh ,monjes! No penséis que en aquellos tiempos, y bajo aquellas circunstancias, el sabio asceta Ksantivadin era otro que no fuera yo. Kaundinya y los otros cuatro, eran el rey Kalinga y sus cuatro ministros. Cuando yo medité en la paciencia en aquellos tiempos, hice el voto de que cuando yo alcanzase la Perfecta, Completa, e Insuperable Iluminación, en primer lugar los liberaría a ellos del sufrimiento; y ahora que ya he alcanzado la Suprema Iluminación, indudablemente los he liberado a ellos los primeros.”
Entonces los monjes creyeron las palabras del Buda, y encontraron gran regocijo en ellas.



Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.




martes, 26 de junio de 2012

Sutta Lokavipatti (Los Ocho Intereses Mundanos)

“Monjes, estos ocho intereses mundanos giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos ocho intereses. ¿Qué ocho? Son la ganancia, la pérdida, la fama, la irrelevancia, la crítica, la alabanza, el placer, y el dolor. Estos son los ocho intereses mundanos que giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos intereses mundanos.

Para una persona ordinaria existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. Para un discípulo de los Nobles que esté bien instruido, también existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. ¿Así que cual es la diferencia, cual la distinción, cual es el factor distintivo entre un discípulo bien instruido de los Nobles, y una persona ordinaria no instruida?”

Los monjes entonces dijeron: “Señor, para nosotros las enseñanzas tienen al Bendito como su raíz, como su guía, y como su juez árbitro. Sería bueno si el Bendito nos explicara el significado de esta afirmación. Habiéndolo escuchado del Bendito, los monjes lo recordaremos”

El Buda respondió: “En ese caso monjes, escuchad y prestad atención”

Los monjes respondieron: “Como tú digas, Señor”

Entonces el Bendito dijo:”La ganancia surge para una persona ordinaria. Él no reflexiona:”La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La pérdida surge. El no reflexiona:”La pérdida ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La fama surge. El no reflexiona: “La fama ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La irrelevancia surge. El no reflexiona: “La irrelevancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La crítica surge. El no reflexiona: “La crítica ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La alabanza surge. El no reflexiona: “La alabanza ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

El placer surge. El no reflexiona: “El placer ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

El dolor surge. El no reflexiona: “El dolor ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

Su mente permanece consumida con la ganancia. Su mente permanece consumida con la pérdida. Su mente permanece consumida con la fama. Su mente permanece consumida con la irrelevancia. Su mente permanece consumida con la crítica. Su mente permanece consumida con la alabanza. Su mente permanece consumida con el placer. Su mente permanece consumida con el dolor.

El se alegra cuando surge la ganancia, y se rebela contra el surgir de la pérdida. El se alegra cuando surge la fama, y se rebela contra el surgir de la irrelevancia. El se alegra cuando surge la alabanza, y se rebela contra el surgir de la crítica. El se alegra cuando surge el placer, y se rebela contra el surgir del dolor. Como él está alegrándose y rebelándose, el no está liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él no es liberado del sufrimiento y del dolor.

Ahora bien, la ganancia surge para un discípulo de los Nobles bien entrenado. El reflexiona: “La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La pérdida surge. El reflexiona: “La pérdida surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La fama surge. El reflexiona: “La fama surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La irrelevancia surge. El reflexiona: “La irrelevancia surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La crítica surge. El reflexiona: “La crítica surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.”  El discierne tal y como es verdaderamente.

La alabanza surge. El reflexiona: “La alabanza surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

El placer surge. El reflexiona: “El placer surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

El dolor surge. El reflexiona: “El dolor surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

Su mente no permanece consumida con la ganancia. Su mente no permanece consumida con la pérdida. Su mente no permanece consumida con la fama. Su mente no permanece consumida con la irrelevancia. Su mente no permanece consumida con la crítica. Su mente no permanece consumida con la alabanza. Su mente no permanece consumida con el placer. Su mente no permanece consumida con el dolor.

No se alegra cuando surge la ganancia, ni se rebela contra el surgir de la pérdida. No se alegra con el surgir de la fama, ni se rebela contra el surgir de la irrelevancia. No se alegra con el surgir de la alabanza, ni se rebela contra el surgir de la crítica. No se alegra con el surgir del placer, ni se rebela contra el surgir del dolor. Así, abandonando el apego y el rechazo, el es liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él es liberado del sufrimiento y del dolor.

Esta es la diferencia, esta es la distinción, este es el factor distintivo entre un discípulo de los Nobles bien entrenado, y una persona ordinaria sin instrucción.

 

Ganancia y pérdida;

Fama e irrelevancia;

Crítica y alabanza;

Placer y dolor;

Entre los seres humanos, estas condiciones

Son inconstantes,

Impermanentes,

Sujetas a cambio.

 

Sabiendo esto, la persona sabia, consciente,

Pondera estas condiciones cambiantes.

Las cosas deseables no encadenan a la mente,

Las cosas no deseables no provocan rechazo.

 

Su apego y su rechazo son disipados,

Yendo hacia su fin,

No existen.

Conociendo el estado inmaculado y sin dolor,

Él discierne correctamente,

El ha ido, más allá del devenir,

A la Orilla del Más Allá.

 

 

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

 

domingo, 24 de junio de 2012

Sutra al Príncipe Abhaya. (Sobre el habla correcta)

En Pali: Abhaya Raja Kumara Sutta.
Majima Nikaya 58.

Esto he oído: En cierta ocasión el Bendito permanecía cerca de Rajagaha, en el Bosque de Bambús, en el Santuario de las Ardillas.
Entonces, el Príncipe Abhaya se dirigió a dónde estaba Nigantha Nataputta, y después de llegar, tras haberse postrado ante él, se sentó a un lado. Cuando estaba ya sentado, Nigantha Nataputta le dijo: “Vamos, Príncipe. Refuta las palabras del contemplativo Gotama, y esta admirable noticia sobre ti se difundirá hasta los confines más lejanos:”¡Las palabras del contemplativo Gotama, tan potentes, tan poderosas, fueron refutadas por el Príncipe Abhaya!”
El Príncipe preguntó: “Venerable Señor, ¿Pero cómo refutaré yo las palabras del contemplativo Gotama, que son tan potentes, tan poderosas?”
Entonces Nigantha Nataputta le respondió: “Vamos, Príncipe. Vete a dónde se encuentra el contemplativo Gotama, y cuando llegues dile esto:” Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que no sean agradables, y que desagraden a los demás?” Entonces, si el contemplativo Gotama, al ser preguntado de este modo, te contesta: “El Tathagata diría palabras que no sean agradables, y que desagraden a los demás”, tú debieras de decir: “Venerable Señor, ¿Entonces cuál es la diferencia entre tú y toda la gente ordinaria? Porque la gente ordinaria pronuncia palabras que no son agradables, y que desagradan a los demás”
Pero si al preguntarle esto, el contemplativo Gotama contesta:”El Tathagata no pronuncia palabras no sean agradables, y que desagraden a los demás”, tú deberías decir:” Venerable Señor, ¿entonces no dijiste tú de Devadatta que: “Devadatta va camino de la indigencia, Devadatta va camino del infierno, Devadatta será hervido durante un eón, Devadatta es incurable”? Para Devadatta fue molesto, y estaba disgustado con esas palabras tuyas”
Cuando el contemplativo Gotama sea interrogado por estas dos preguntas con puntas tuyas, él no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas. Será lo mismo que si una “castaña de dos cuernos” se clavara en el cuello de un hombre: él no podría ni tragarla, ni escupirla. De la misma forma, el contemplativo Gotama, cuando tú le preguntes estas dos cuestiones con puntas, no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas.”
El Príncipe Abhaya respondió: “Como digas, Venerable Señor”, y se levantó de su asiento, se postró ante Nigantha Nataputta, le circunvaló, y se fue entonces a dónde se encontraba el Bendito. Cuando llegó, se postró ante el Bendito, y se sentó a un lado. Cuando estaba sentado allí, miró hacia el Sol y pensó: “Hoy no es el momento para refutar las palabras del Bendito. Mañana, en mi propia casa, yo pondré en evidencia las palabras del Bendito.”
Así que le dijo al Bendito: “Pueda el Bendito, junto con otros tres, aceptar mi oferta de una comida mañana.”
El Bendito, en silencio, aceptó.
Entonces, el Príncipe Abhaya, comprendiendo la aceptación del Bendito, se levantó de su asiento, se postró ante el Bendito, le circunvaló, y se fue.
Cuando pasó la noche, a primeras horas de la mañana, el Bendito se puso sus hábitos y, llevando su cuenco, y el hábito exterior, se dirigió hacia el hogar del Príncipe Abhaya. Cuando llegó, se sentó en un asiento que ya le estaba dispuesto. El Príncipe Abhaya, con su propia mano, sirvió y satisfizo al Bendito con comida de gran calidad, y de inferior calidad.  Entonces, cuando el Bendito hubo comido, y apartado su mano de su cuenco, el Príncipe Abhaya cogió un asiento más bajo, y se sentó a un lado.
Cuando estuvo sentado allí, le dijo al Bendito: “Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que no sean agradables y que desagraden a los demás?”
El Buda respondió: “Príncipe, no puede responderse con un sí, o un no, categórico a esa pregunta.”
El Príncipe exclamó: “Venerable Señor, con esto los Niganthas son destruidos.”
El Bendito preguntó: “Pero Príncipe, ¿Por qué dices “Venerable Señor, con esto los Niganthas son destruidos?”
El Príncipe le respondió: “Venerable Señor, precisamente ayer yo fui a dónde Nigantha Nataputta, y él me dijo: “Vamos Príncipe. Ve al contemplativo Gotama, y cuando llegues dile esto:”Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que sean desagradables, y que desagraden a los demás?”  Será lo mismo que una “castaña de dos cuernos” que se clavara en el cuello de un hombre: él no podría tragarla, ni escupirla. De la misma forma, el contemplativo Gotama, cuando tú le preguntes estas dos cuestiones con puntas, no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas.”
En aquellos momentos, un niño pequeñito estaba tumbado boca hacia arriba en el regazo del Príncipe. Así que el Bendito le dijo al Príncipe: “¿Qué piensas Príncipe? Si este niñito, debido a tu propia negligencia, o la de la cuidadora, tuviera un trozo de palo, o de grava, en su boca, ¿Qué harías?”
El Príncipe contestó: “Se la quitaría, Venerable Señor. Y si no pudiera sacárselo fácilmente, entonces cogería su cabeza con mi mano izquierda, y metiendo un dedo de mi mano derecha se lo sacaría, aunque ello supusiera el hacerle sangre. ¿Por qué? Porque siento simpatía hacia este niñito”
Entonces el Buda dijo: “Príncipe, de la misma forma:
1.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que son carentes de base, que son falsas, que no sirven para el logro, que son desagradables, y que desagradan a los demás, él no las pronuncia.
2.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que no sirven para el logro, que son desagradables, y que desagradan a los demás, él no las pronuncia.
3.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que sirven para el logro, pero que son desagradables, y que desagradan a los demás, él tiene un sentido adecuado del momento apropiado para decirlas.
4.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que son carentes de base, que son falsas, que no sirven para el logro, pero que son agradables, y que agradan a los demás, él no las pronuncia.
5.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que no sirven para el logro, pero que son agradables, y que agradan a los demás, él no las pronuncia.
6.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que sirven para el logro, y que son agradables, y que agradan a los demás, él tiene un sentido adecuado del momento apropiado para decirlas. ¿Por qué es así? Porque el Tathagata tiene simpatía por todos los seres vivos.
Entonces el Príncipe dijo: “Venerable Señor, cuando los nobles sabios o sacerdotes, cabezas de familia o contemplativos, tras formular preguntas, vienen al Tathagata y lo interrogan ¿Esta línea de razonamiento se le aparece a su consciencia de antemano(“Si estos que se acercan me preguntan esto, al preguntarme así,  yo contestaré de esta forma”) o viene el Tathagata con  la respuesta a punto?
El Buda respondió: “En ese caso, Príncipe, te contestaré con otra pregunta. Contesta como tu veas más adecuado. ¿Qué piensas: eres buen conocedor de las partes de un carruaje?”
El Príncipe contestó: “Si, Venerable Señor, yo soy un buen conocedor de las partes de un carruaje.”
El Bendito prosiguió: “¿Y qué piensas cuando la gente viene y te pregunta:”¿Cuál es el nombre de esta parte del carruaje?” ¿Aparece esta línea de razonamiento de antemano (si aquellos que se aproximan me preguntan esto, yo al ser preguntado así, contestaré de esta forma) o vienes con la respuesta a punto?”
A ello el Príncipe respondió: “Venerable Señor, yo soy conocido como alguien buen conocedor de las partes de un carruaje. Todas las partes de un carruaje me son perfectamente conocidas. Yo vengo con la respuesta a punto”
El Bendito entonces dijo: “Príncipe, de la misma forma, cuando los nobles sabios o sacerdotes, cabezas de familia o contemplativos, habiendo formulado preguntas, vienen al Tathagata y le preguntan, el viene con la respuesta a punto. ¿Por qué es así? Porque la naturaleza del Dharma está completamente penetrada por el Tathagata. De su completa penetración de la naturaleza del Dharma, viene el estar con la respuesta a punto.”
Cuando esto fue pronunciado, el Príncipe Abhaya le dijo al Bendito: “¡Magnífico, Venerable Señor, Magnífico! Es como si fuera puesto boca hacia arriba lo que estaba hacia abajo, como si fuera revelado lo que estaba oculto, como si se le mostrara el camino a quien está perdido, o como llevar una lámpara en la oscuridad para que aquellos con ojos puedan ver las formas. De la misma forma, el Bendito, a través de muchas líneas de razonamiento, ha clarificado el Dharma. Yo tomo refugio en el Buda, en el Dharma, y en la Sangha de los monjes, a partir de este día, de por vida”



Traducido del Pali por el Bhikkhu Thanissaro.

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.





sábado, 23 de junio de 2012

Sutta del Lokayatika.

Samyutta Nikaya: SN 77

Cierta vez, mientras el Buda permanecía en Savatthi, un brahmán lokayatika (antigua escuela India de pensamiento cuyos razonamientos derivan de la leyes físicas que se observan en el cosmos) fue a donde se encontraba el Buda, y tras llegar, intercambió corteses saludos con él. Después un cruce de amistosos y corteses saludos, él se sentó a un lado.
Una vez que estuvo sentado, le dijo al Bendito: “Bien, entonces, Maestro Gotama, ¿Existe el Todo?”
El Buda respondió: “Brahmán, “Todo existe” es la principal forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
El brahmán preguntó: “Entonces, Maestro Gotama, ¿El Todo no existe?”
El Buda dijo: “Brahmán, “El Todo no  existe” es la segunda forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
El brahmán dijo: “Entonces, Maestro Gotama, ¿Es el Todo una Unidad?”
El Buda respondió: “Brahmán, “El Todo es una Unidad” es la tercer forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
Entonces, el brahmán preguntó: “Entonces, ¿Es el Todo la Multiplicidad?”
A ello, el Buda respondió: “Brahmán, “El Todo es la Multiplicidad” es la cuarta forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos. Evitando esos dos extremos ( de existencia y de no existencia), el Tathagata enseña el Dharma del camino del medio: a partir de la ignorancia como condición necesaria, vienen las fabricaciones kármicas. A partir de las fabricaciones kármicas como condición necesaria, viene la consciencia. A partir de la consciencia como condición necesaria, viene el nombre y la forma. A partir del nombre y la forma como condición necesaria, vienen las seis facultades sensoriales. A partir de las seis facultades sensoriales como condición necesaria, viene el contacto. A partir del contacto como condición necesaria, viene el sentimiento. A partir del sentimiento como condición necesaria, viene el anhelo. A partir del anhelo como condición necesaria, viene el aferramiento. A partir del aferramiento como condición necesaria, viene el devenir. A partir del devenir como condición necesaria, viene el nacimiento. A partir del nacimiento como condición necesaria, aparece entonces la vejez y la muerte, el pesar, la lamentación, la pena, el dolor, y la desesperación. Así es la originación de toda esta gran cantidad de dolor y de sufrimiento.
Ahora, de que se vaya apagando poco a poco y del cese de toda ignorancia, viene el cese de las fabricaciones kármicas. Del cese de las fabricaciones kármicas, viene el cese de la consciencia. Del cese de la consciencia, viene el cese de nombre y forma. Del cese de nombre y forma, viene el cese de las seis facultades sensoriales. Del cese de las seis facultades sensoriales, viene el cese del contacto. Del cese del contacto, viene el cese del sentimiento. Del cese del sentimiento, viene el cese del anhelo. Del cese del anhelo, viene el cese del aferramiento. Del cese del aferramiento, viene el cese del devenir. Del cese del devenir, viene el cese del nacimiento. Con el cese del nacimiento, entonces cesan también la vejez y la muerte, el pesar, la lamentación, la pena, el dolor, y la desesperación. Así es el cese de toda esta gran cantidad de dolor y sufrimiento.”
Tras oír esto, el brahmán exclamó: “!Magnífico, Maestro Gotama! ¡Magnífico! Es como si se hubiera colocado boca hacia arriba lo que estaba hacia abajo, como si se hubiera revelado lo que estaba escondido, se mostrara el camino a quien está perdido, o como llevar una lámpara en la oscuridad para que aquellos que tengan ojos puedan ver las formas; de esa misma forma ha clarificado el Dharma el Maestro Gotama, empleando muchas líneas de razonamiento.
Yo tomo refugio en el Maestro Gotama, en el Dharma, y en la Sangha de los monjes. ¡Qué pueda el Maestro Gotama recordarme como un seguidor laico que ha tomado refugio en Él, a partir del día de hoy, de por vida.”

Traducido al inglés por Bhikku Thanissaro.
 
Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.