sábado, 30 de junio de 2012

Sutra de Ksantivadin, el Sabio Paciente.

Esto he oído:
Cierta vez, el Buda estaba residiendo en el Bosque de los Bambús del pájaro Kalandaka, en la ciudad de Rajagriha. En aquel tiempo, poco después de que él hubiera alcanzado la Perfecta, Completa e Insuperable Iluminación, el Buda había ordenado a los Cinco, encabezados por Kaundinya, y posteriormente a Nadi Kashyapa y sus mil seguidores. Posteriormente, el Buda ordenó a muchos otros, y eran muchos los que practicaban el Dharma; toda la gente de Rajagriha estaba extremadamente contenta, y alababa al Buda de esta forma: “Ah, el Buda, el Tathagata, ha venido a este mundo, y es extremadamente maravilloso, puesto que Él ayuda a todos los pueblos y naciones.”
Y también decían: “Kaundinya fue el primer monje, y él y Nadi Kashyapa, puesto que fueron los primeros en encontrarse con el Buda, ahora son los primeros en degustar el néctar del Dharma.”
Cuando los monjes oyeron esto, se lo contaron detalladamente al Buda.
Entonces el Señor les dijo: “Hace mucho tiempo, yo con una mente firme hice el voto de que cuando alcanzase la Iluminación, los ayudaría a ellos en primer lugar, antes que a todos los demás.”
Cuando los monjes escucharon estas palabras de los labios del Buda, le preguntaron: “Señor, te pedimos que nos cuentes cómo en un lejano pasado, Tú hiciste un voto tan poderoso con una mente de compasión.”
Entonces el Buda dijo: “Bien, monjes. Escuchad atentamente, y recordad lo que os diré. Hace muchos eones, monjes, tantos eones que no se pueden contar, ni concebir, ni narrar, vivía un rey de Varanasi llamado Kalinga. En aquel tiempo, en las montañas de ese país, moraba un sabio renunciante llamado Ksantivadin, que tenía quinientos discípulos, y que practicaba la meditación en la paciencia.
También en cierta ocasión, el rey, junto con su reina, ministros, y séquito fueron a las montañas para disfrutar del paisaje, y divertirse allí. El rey se sintió cansado, y entonces se quedó dormido. Así que entonces la reina y sus damas se dirigieron al bosque para contemplar y admirar las flores; en el bosque ellas vieron al sabio Ksantivadin, con su cuerpo inmóvil, sentado en una serena majestad. Una mente de fe nació entonces en la reina y en sus damas, y le hicieron ofrendas de distintas clases de flores; y después se sentaron ante el sabio para escucharle hablar del Dharma.
Cuando el rey se despertó, miró a su alrededor, y viendo que la reina no se encontraba presente, se dirigió al bosque en su búsqueda. Cuando las encontró, las estuvo espiando viéndolas sentadas ante el sabio renunciante, y entonces él se dirigió al sabio preguntándole: “¿Has logrado los Cuatro Estados del Gozo?” A esto, el sabio le respondió que no.
Entonces el rey le preguntó que si había conseguido los Cuatro Inconmensurables de Brahma (Brahma-vihara), a lo que el sabio respondió que no.
Entonces el rey le preguntó que si había conseguido las cuatro concentraciones, a lo que también el sabio respondió que no. Ante estas respuestas el rey se enfadó, diciendo: “Puesto que tú no tienes ningún tipo de logro, eres un sinvergüenza. ¿Quién se podría fiar de ti, en este sitio solitario, rodeado por todas estas mujeres? ¿Qué tienes que decir en tu defensa para justificar el que vivas en este lugar tan solitario?”
El sabio respondió: “Aquí, en estas montañas, yo medito en la paciencia”
Desenvainando rápidamente su espada, el rey dijo: “Así que tú meditas en la paciencia, ¿no es así? Bien, te voy a matar. Veremos qué tipo de paciencia es la tuya.” Y tras decir esto, le cortó al sabio las dos manos.
“¿Ahora, quién eres?” le preguntó el rey.
“Soy Ksantivadin” replicó el sabio asceta.
Entonces el rey le cortó sus dos pies con su espada.
“¿Quién eres ahora?” preguntó el rey.
“Soy Ksantivadin” volvió a responder el sabio.
En aquel momento, los cielos y la tierra temblaron de seis formas diferentes, y los quinientos discípulos del sabio vinieron volando por los aires hasta el lugar en el que este se encontraba.
Cuando le vieron en aquel estado, los discípulos le preguntaron: “Maestro, mientras padecías estos insoportables sufrimientos, ¿no has perdido el pensamiento de la paciencia?”
El sabio contestó: “Mi mente nunca ha estado separada de la paciencia ni un solo instante”
Aterrorizado como estaba, el rey le dijo al sabio: “Ah Sabio, cuando me dijiste que eras Ksantivadin, ¿Quién lo hubiera creído?”
El sabio dijo: “Mis palabras no son falsas. Si mis palabras son verdaderas, ¡que pueda mi sangre volverse como leche, y que puedan mis miembros amputados volver a ser como eran antes!”
Apenas el sabio hubo acabado de pronunciar estas palabras, su sangre se convirtió en leche, y sus miembros volvieron a estar como estaban antes.
Al ver esto, el rey se sintió aún más aterrorizado, y dijo: “¡Gran sabio! Yo te he herido debido a la ignorancia y al apego. Yo confieso ante ti todas estas faltas, ¿Tendrás compasión de mi?”
El sabio respondió: “Fue debido a tu apego hacia estas mujeres por lo que tú cortaste mis miembros con una espada. Esto no me hirió porque mi paciencia es como la tierra. Cuando yo alcance la Iluminación de un Buda, yo cortaré tus tres venenos con la espada de la sabiduría”
Cuando los dioses y los nagas de aquellas montañas vieron que el rey había herido al sabio asceta, reunieron y acumularon las nubes, y las trajeron todas juntas. Los nagas rugieron, y arrojaron rayos y truenos desde el cielo, y el rey y sus acompañantes, aterrorizados y viéndose al borde de la muerte, clamaron: “¡Gran Sabio, ten compasión y sálvanos!”
Cuando el sabio les ordenó a los dioses y nagas que no mataran a ningún ser vivo por salvarle a él, estos se calmaron, y desaparecieron.
El rey, tras haber confesado sus faltas, invitó al sabio a su palacio, y le honró con diversos tipos de ofrendas. Cuando mil mendicantes seguidores de otros maestros vieron al rey y a su séquito honrando al sabio Ksantivadin y creyendo en él, llegaron a sentir envidia, y arrojaron basura sobre el sabio.
Los mendicantes que en aquel tiempo arrojaron basura sobre mí, ahora son  Nadi Kashyapa y sus mil monjes. Por mi meditación en la paciencia en aquellos tiempos, generé el voto de que cuando yo alcanzara la Perfecta, Completa e Insuperable Iluminación, yo limpiaría sus impurezas con la lluvia del amrita, y sus apegos serían completamente purificados.
¡Oh ,monjes! No penséis que en aquellos tiempos, y bajo aquellas circunstancias, el sabio asceta Ksantivadin era otro que no fuera yo. Kaundinya y los otros cuatro, eran el rey Kalinga y sus cuatro ministros. Cuando yo medité en la paciencia en aquellos tiempos, hice el voto de que cuando yo alcanzase la Perfecta, Completa, e Insuperable Iluminación, en primer lugar los liberaría a ellos del sufrimiento; y ahora que ya he alcanzado la Suprema Iluminación, indudablemente los he liberado a ellos los primeros.”
Entonces los monjes creyeron las palabras del Buda, y encontraron gran regocijo en ellas.



Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.




martes, 26 de junio de 2012

Sutta Lokavipatti (Los Ocho Intereses Mundanos)

“Monjes, estos ocho intereses mundanos giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos ocho intereses. ¿Qué ocho? Son la ganancia, la pérdida, la fama, la irrelevancia, la crítica, la alabanza, el placer, y el dolor. Estos son los ocho intereses mundanos que giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos intereses mundanos.

Para una persona ordinaria existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. Para un discípulo de los Nobles que esté bien instruido, también existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. ¿Así que cual es la diferencia, cual la distinción, cual es el factor distintivo entre un discípulo bien instruido de los Nobles, y una persona ordinaria no instruida?”

Los monjes entonces dijeron: “Señor, para nosotros las enseñanzas tienen al Bendito como su raíz, como su guía, y como su juez árbitro. Sería bueno si el Bendito nos explicara el significado de esta afirmación. Habiéndolo escuchado del Bendito, los monjes lo recordaremos”

El Buda respondió: “En ese caso monjes, escuchad y prestad atención”

Los monjes respondieron: “Como tú digas, Señor”

Entonces el Bendito dijo:”La ganancia surge para una persona ordinaria. Él no reflexiona:”La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La pérdida surge. El no reflexiona:”La pérdida ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La fama surge. El no reflexiona: “La fama ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La irrelevancia surge. El no reflexiona: “La irrelevancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La crítica surge. El no reflexiona: “La crítica ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

La alabanza surge. El no reflexiona: “La alabanza ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

El placer surge. El no reflexiona: “El placer ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

El dolor surge. El no reflexiona: “El dolor ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.

Su mente permanece consumida con la ganancia. Su mente permanece consumida con la pérdida. Su mente permanece consumida con la fama. Su mente permanece consumida con la irrelevancia. Su mente permanece consumida con la crítica. Su mente permanece consumida con la alabanza. Su mente permanece consumida con el placer. Su mente permanece consumida con el dolor.

El se alegra cuando surge la ganancia, y se rebela contra el surgir de la pérdida. El se alegra cuando surge la fama, y se rebela contra el surgir de la irrelevancia. El se alegra cuando surge la alabanza, y se rebela contra el surgir de la crítica. El se alegra cuando surge el placer, y se rebela contra el surgir del dolor. Como él está alegrándose y rebelándose, el no está liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él no es liberado del sufrimiento y del dolor.

Ahora bien, la ganancia surge para un discípulo de los Nobles bien entrenado. El reflexiona: “La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La pérdida surge. El reflexiona: “La pérdida surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La fama surge. El reflexiona: “La fama surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La irrelevancia surge. El reflexiona: “La irrelevancia surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

La crítica surge. El reflexiona: “La crítica surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.”  El discierne tal y como es verdaderamente.

La alabanza surge. El reflexiona: “La alabanza surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

El placer surge. El reflexiona: “El placer surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

El dolor surge. El reflexiona: “El dolor surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.

Su mente no permanece consumida con la ganancia. Su mente no permanece consumida con la pérdida. Su mente no permanece consumida con la fama. Su mente no permanece consumida con la irrelevancia. Su mente no permanece consumida con la crítica. Su mente no permanece consumida con la alabanza. Su mente no permanece consumida con el placer. Su mente no permanece consumida con el dolor.

No se alegra cuando surge la ganancia, ni se rebela contra el surgir de la pérdida. No se alegra con el surgir de la fama, ni se rebela contra el surgir de la irrelevancia. No se alegra con el surgir de la alabanza, ni se rebela contra el surgir de la crítica. No se alegra con el surgir del placer, ni se rebela contra el surgir del dolor. Así, abandonando el apego y el rechazo, el es liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él es liberado del sufrimiento y del dolor.

Esta es la diferencia, esta es la distinción, este es el factor distintivo entre un discípulo de los Nobles bien entrenado, y una persona ordinaria sin instrucción.

 

Ganancia y pérdida;

Fama e irrelevancia;

Crítica y alabanza;

Placer y dolor;

Entre los seres humanos, estas condiciones

Son inconstantes,

Impermanentes,

Sujetas a cambio.

 

Sabiendo esto, la persona sabia, consciente,

Pondera estas condiciones cambiantes.

Las cosas deseables no encadenan a la mente,

Las cosas no deseables no provocan rechazo.

 

Su apego y su rechazo son disipados,

Yendo hacia su fin,

No existen.

Conociendo el estado inmaculado y sin dolor,

Él discierne correctamente,

El ha ido, más allá del devenir,

A la Orilla del Más Allá.

 

 

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

 

domingo, 24 de junio de 2012

Sutra al Príncipe Abhaya. (Sobre el habla correcta)

En Pali: Abhaya Raja Kumara Sutta.
Majima Nikaya 58.

Esto he oído: En cierta ocasión el Bendito permanecía cerca de Rajagaha, en el Bosque de Bambús, en el Santuario de las Ardillas.
Entonces, el Príncipe Abhaya se dirigió a dónde estaba Nigantha Nataputta, y después de llegar, tras haberse postrado ante él, se sentó a un lado. Cuando estaba ya sentado, Nigantha Nataputta le dijo: “Vamos, Príncipe. Refuta las palabras del contemplativo Gotama, y esta admirable noticia sobre ti se difundirá hasta los confines más lejanos:”¡Las palabras del contemplativo Gotama, tan potentes, tan poderosas, fueron refutadas por el Príncipe Abhaya!”
El Príncipe preguntó: “Venerable Señor, ¿Pero cómo refutaré yo las palabras del contemplativo Gotama, que son tan potentes, tan poderosas?”
Entonces Nigantha Nataputta le respondió: “Vamos, Príncipe. Vete a dónde se encuentra el contemplativo Gotama, y cuando llegues dile esto:” Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que no sean agradables, y que desagraden a los demás?” Entonces, si el contemplativo Gotama, al ser preguntado de este modo, te contesta: “El Tathagata diría palabras que no sean agradables, y que desagraden a los demás”, tú debieras de decir: “Venerable Señor, ¿Entonces cuál es la diferencia entre tú y toda la gente ordinaria? Porque la gente ordinaria pronuncia palabras que no son agradables, y que desagradan a los demás”
Pero si al preguntarle esto, el contemplativo Gotama contesta:”El Tathagata no pronuncia palabras no sean agradables, y que desagraden a los demás”, tú deberías decir:” Venerable Señor, ¿entonces no dijiste tú de Devadatta que: “Devadatta va camino de la indigencia, Devadatta va camino del infierno, Devadatta será hervido durante un eón, Devadatta es incurable”? Para Devadatta fue molesto, y estaba disgustado con esas palabras tuyas”
Cuando el contemplativo Gotama sea interrogado por estas dos preguntas con puntas tuyas, él no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas. Será lo mismo que si una “castaña de dos cuernos” se clavara en el cuello de un hombre: él no podría ni tragarla, ni escupirla. De la misma forma, el contemplativo Gotama, cuando tú le preguntes estas dos cuestiones con puntas, no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas.”
El Príncipe Abhaya respondió: “Como digas, Venerable Señor”, y se levantó de su asiento, se postró ante Nigantha Nataputta, le circunvaló, y se fue entonces a dónde se encontraba el Bendito. Cuando llegó, se postró ante el Bendito, y se sentó a un lado. Cuando estaba sentado allí, miró hacia el Sol y pensó: “Hoy no es el momento para refutar las palabras del Bendito. Mañana, en mi propia casa, yo pondré en evidencia las palabras del Bendito.”
Así que le dijo al Bendito: “Pueda el Bendito, junto con otros tres, aceptar mi oferta de una comida mañana.”
El Bendito, en silencio, aceptó.
Entonces, el Príncipe Abhaya, comprendiendo la aceptación del Bendito, se levantó de su asiento, se postró ante el Bendito, le circunvaló, y se fue.
Cuando pasó la noche, a primeras horas de la mañana, el Bendito se puso sus hábitos y, llevando su cuenco, y el hábito exterior, se dirigió hacia el hogar del Príncipe Abhaya. Cuando llegó, se sentó en un asiento que ya le estaba dispuesto. El Príncipe Abhaya, con su propia mano, sirvió y satisfizo al Bendito con comida de gran calidad, y de inferior calidad.  Entonces, cuando el Bendito hubo comido, y apartado su mano de su cuenco, el Príncipe Abhaya cogió un asiento más bajo, y se sentó a un lado.
Cuando estuvo sentado allí, le dijo al Bendito: “Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que no sean agradables y que desagraden a los demás?”
El Buda respondió: “Príncipe, no puede responderse con un sí, o un no, categórico a esa pregunta.”
El Príncipe exclamó: “Venerable Señor, con esto los Niganthas son destruidos.”
El Bendito preguntó: “Pero Príncipe, ¿Por qué dices “Venerable Señor, con esto los Niganthas son destruidos?”
El Príncipe le respondió: “Venerable Señor, precisamente ayer yo fui a dónde Nigantha Nataputta, y él me dijo: “Vamos Príncipe. Ve al contemplativo Gotama, y cuando llegues dile esto:”Venerable Señor, ¿Diría el Tathagata palabras que sean desagradables, y que desagraden a los demás?”  Será lo mismo que una “castaña de dos cuernos” que se clavara en el cuello de un hombre: él no podría tragarla, ni escupirla. De la misma forma, el contemplativo Gotama, cuando tú le preguntes estas dos cuestiones con puntas, no será capaz de tragarlas, ni de escupirlas.”
En aquellos momentos, un niño pequeñito estaba tumbado boca hacia arriba en el regazo del Príncipe. Así que el Bendito le dijo al Príncipe: “¿Qué piensas Príncipe? Si este niñito, debido a tu propia negligencia, o la de la cuidadora, tuviera un trozo de palo, o de grava, en su boca, ¿Qué harías?”
El Príncipe contestó: “Se la quitaría, Venerable Señor. Y si no pudiera sacárselo fácilmente, entonces cogería su cabeza con mi mano izquierda, y metiendo un dedo de mi mano derecha se lo sacaría, aunque ello supusiera el hacerle sangre. ¿Por qué? Porque siento simpatía hacia este niñito”
Entonces el Buda dijo: “Príncipe, de la misma forma:
1.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que son carentes de base, que son falsas, que no sirven para el logro, que son desagradables, y que desagradan a los demás, él no las pronuncia.
2.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que no sirven para el logro, que son desagradables, y que desagradan a los demás, él no las pronuncia.
3.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que sirven para el logro, pero que son desagradables, y que desagradan a los demás, él tiene un sentido adecuado del momento apropiado para decirlas.
4.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que son carentes de base, que son falsas, que no sirven para el logro, pero que son agradables, y que agradan a los demás, él no las pronuncia.
5.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que no sirven para el logro, pero que son agradables, y que agradan a los demás, él no las pronuncia.
6.      En el caso de palabras que el Tathagata sabe que tienen base, que son verdaderas, que sirven para el logro, y que son agradables, y que agradan a los demás, él tiene un sentido adecuado del momento apropiado para decirlas. ¿Por qué es así? Porque el Tathagata tiene simpatía por todos los seres vivos.
Entonces el Príncipe dijo: “Venerable Señor, cuando los nobles sabios o sacerdotes, cabezas de familia o contemplativos, tras formular preguntas, vienen al Tathagata y lo interrogan ¿Esta línea de razonamiento se le aparece a su consciencia de antemano(“Si estos que se acercan me preguntan esto, al preguntarme así,  yo contestaré de esta forma”) o viene el Tathagata con  la respuesta a punto?
El Buda respondió: “En ese caso, Príncipe, te contestaré con otra pregunta. Contesta como tu veas más adecuado. ¿Qué piensas: eres buen conocedor de las partes de un carruaje?”
El Príncipe contestó: “Si, Venerable Señor, yo soy un buen conocedor de las partes de un carruaje.”
El Bendito prosiguió: “¿Y qué piensas cuando la gente viene y te pregunta:”¿Cuál es el nombre de esta parte del carruaje?” ¿Aparece esta línea de razonamiento de antemano (si aquellos que se aproximan me preguntan esto, yo al ser preguntado así, contestaré de esta forma) o vienes con la respuesta a punto?”
A ello el Príncipe respondió: “Venerable Señor, yo soy conocido como alguien buen conocedor de las partes de un carruaje. Todas las partes de un carruaje me son perfectamente conocidas. Yo vengo con la respuesta a punto”
El Bendito entonces dijo: “Príncipe, de la misma forma, cuando los nobles sabios o sacerdotes, cabezas de familia o contemplativos, habiendo formulado preguntas, vienen al Tathagata y le preguntan, el viene con la respuesta a punto. ¿Por qué es así? Porque la naturaleza del Dharma está completamente penetrada por el Tathagata. De su completa penetración de la naturaleza del Dharma, viene el estar con la respuesta a punto.”
Cuando esto fue pronunciado, el Príncipe Abhaya le dijo al Bendito: “¡Magnífico, Venerable Señor, Magnífico! Es como si fuera puesto boca hacia arriba lo que estaba hacia abajo, como si fuera revelado lo que estaba oculto, como si se le mostrara el camino a quien está perdido, o como llevar una lámpara en la oscuridad para que aquellos con ojos puedan ver las formas. De la misma forma, el Bendito, a través de muchas líneas de razonamiento, ha clarificado el Dharma. Yo tomo refugio en el Buda, en el Dharma, y en la Sangha de los monjes, a partir de este día, de por vida”



Traducido del Pali por el Bhikkhu Thanissaro.

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.





sábado, 23 de junio de 2012

Sutta del Lokayatika.

Samyutta Nikaya: SN 77

Cierta vez, mientras el Buda permanecía en Savatthi, un brahmán lokayatika (antigua escuela India de pensamiento cuyos razonamientos derivan de la leyes físicas que se observan en el cosmos) fue a donde se encontraba el Buda, y tras llegar, intercambió corteses saludos con él. Después un cruce de amistosos y corteses saludos, él se sentó a un lado.
Una vez que estuvo sentado, le dijo al Bendito: “Bien, entonces, Maestro Gotama, ¿Existe el Todo?”
El Buda respondió: “Brahmán, “Todo existe” es la principal forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
El brahmán preguntó: “Entonces, Maestro Gotama, ¿El Todo no existe?”
El Buda dijo: “Brahmán, “El Todo no  existe” es la segunda forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
El brahmán dijo: “Entonces, Maestro Gotama, ¿Es el Todo una Unidad?”
El Buda respondió: “Brahmán, “El Todo es una Unidad” es la tercer forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos.
Entonces, el brahmán preguntó: “Entonces, ¿Es el Todo la Multiplicidad?”
A ello, el Buda respondió: “Brahmán, “El Todo es la Multiplicidad” es la cuarta forma de la doctrina de quienes se basan en el conocimiento del cosmos. Evitando esos dos extremos ( de existencia y de no existencia), el Tathagata enseña el Dharma del camino del medio: a partir de la ignorancia como condición necesaria, vienen las fabricaciones kármicas. A partir de las fabricaciones kármicas como condición necesaria, viene la consciencia. A partir de la consciencia como condición necesaria, viene el nombre y la forma. A partir del nombre y la forma como condición necesaria, vienen las seis facultades sensoriales. A partir de las seis facultades sensoriales como condición necesaria, viene el contacto. A partir del contacto como condición necesaria, viene el sentimiento. A partir del sentimiento como condición necesaria, viene el anhelo. A partir del anhelo como condición necesaria, viene el aferramiento. A partir del aferramiento como condición necesaria, viene el devenir. A partir del devenir como condición necesaria, viene el nacimiento. A partir del nacimiento como condición necesaria, aparece entonces la vejez y la muerte, el pesar, la lamentación, la pena, el dolor, y la desesperación. Así es la originación de toda esta gran cantidad de dolor y de sufrimiento.
Ahora, de que se vaya apagando poco a poco y del cese de toda ignorancia, viene el cese de las fabricaciones kármicas. Del cese de las fabricaciones kármicas, viene el cese de la consciencia. Del cese de la consciencia, viene el cese de nombre y forma. Del cese de nombre y forma, viene el cese de las seis facultades sensoriales. Del cese de las seis facultades sensoriales, viene el cese del contacto. Del cese del contacto, viene el cese del sentimiento. Del cese del sentimiento, viene el cese del anhelo. Del cese del anhelo, viene el cese del aferramiento. Del cese del aferramiento, viene el cese del devenir. Del cese del devenir, viene el cese del nacimiento. Con el cese del nacimiento, entonces cesan también la vejez y la muerte, el pesar, la lamentación, la pena, el dolor, y la desesperación. Así es el cese de toda esta gran cantidad de dolor y sufrimiento.”
Tras oír esto, el brahmán exclamó: “!Magnífico, Maestro Gotama! ¡Magnífico! Es como si se hubiera colocado boca hacia arriba lo que estaba hacia abajo, como si se hubiera revelado lo que estaba escondido, se mostrara el camino a quien está perdido, o como llevar una lámpara en la oscuridad para que aquellos que tengan ojos puedan ver las formas; de esa misma forma ha clarificado el Dharma el Maestro Gotama, empleando muchas líneas de razonamiento.
Yo tomo refugio en el Maestro Gotama, en el Dharma, y en la Sangha de los monjes. ¡Qué pueda el Maestro Gotama recordarme como un seguidor laico que ha tomado refugio en Él, a partir del día de hoy, de por vida.”

Traducido al inglés por Bhikku Thanissaro.
 
Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

jueves, 21 de junio de 2012

Sutra a Singala (Singala Sutta) El Chacal.

Cierta vez el Buda estaba morando en Savatthi; entonces se dirigió a los monjes diciendo: “¡Monjes! Las ganancias, ofrendas, y la fama son una cosa cruel; un obstáculo duro y amargo para el logro de la insuperable liberación.

¿Habéis oído al chacal aullando a últimas horas de la noche?”

Los monjes respondieron: “Sí, Señor”

El Buda prosiguió: “Ese chacal está sufriendo de sarna. No encuentra placer tanto que vaya a un risco, esté al pie de un árbol, o al aire libre. Dondequiera que vaya, dondequiera que esté de pie, o sentado, o tumbado, está hundido en la miseria.

De la misma forma, existe el caso en el que cierto monje está conquistado por las ganancias, las ofrendas, y por la fama, y su mente está consumida. No encuentra placer tanto que vaya a un lugar solitario, o al pie de un árbol, o al aire libre. Dondequiera que vaya, dondequiera que esté de pie, dondequiera que se siente, o dondequiera que se acueste, él está hundido en la miseria. Así es como son de crueles las ganancias, las ofrendas, y la fama: son un duro y amargo obstáculo para el logro de la Insuperable liberación.

Por lo tanto, deberíais de entrenaros así: “Nosotros dejaremos cualquier ganancia, ofrenda, y fama que nos aparezcan; y no permitiremos que cualquier ganancia, ofrenda, y fama que nos aparezcan tengan consumidas a nuestras mentes. Así es como debierais de entrenaros”

 

Traducido del Pali por el Bhikkhu Thanissaro.

 

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

 

sábado, 16 de junio de 2012

Jataka Nº 322 El Sonido que Oyó la Liebre. (Duddubha Jataka)

Una mañana, mientras algunos monjes estaban haciendo su ronda de limosnas en Savatthi, pasaron junto a varios ascetas de diferentes sectas que estaban practicando austeridades. Algunos de ellos estaban totalmente desnudos, y se acostaban sobre espinas. Otros se sentaban en torno a un ardiente fuego bajo el calor abrasador del Sol.
Más tarde, mientras los monjes estaban hablando de los ascetas, ellos le preguntaron al Buda: “Señor, ¿Hay alguna virtud en aquellas prácticas ascéticas tan extremadas?”
El Buda les respondió: “No monjes, no hay ni virtud, ni ningún mérito especial en ellas. Cuando son examinadas y comprobadas, son como un sendero sobre un estercolero, o como el sonido que oyó la liebre.”
Perplejos, los monjes dijeron: “Señor, nosotros no sabemos nada de ese sonido. Por favor, dinos que fue.”
Ante su petición, el Buda les contó esta historia del remoto pasado.
Hace mucho, mucho tiempo, cuando Brahmadatta estaba reinando en Varanasi, el Bodhisattva nació como un león en un bosque, cerca del Océano Occidental. En una parte de ese bosque había una arboleda de palmas que estaba mezclada con árboles de belli. En esa arboleda vivía una liebre bajo un arbolito de palma, a los pies de un árbol de belli.
Un día la liebre se encontraba bajo el joven árbol de palma, pensando ociosamente: “Si esta tierra fuese destruida, ¿Qué me pasaría a mí?”
En aquél mismo instante, sucedió que cayó un fruto maduro del árbol de belli, y golpeó la hoja de palma haciendo un fuerte “¡THUD!”
Asustada con este sonido, la liebre brincó, y exclamó: “¡La tierra se está colapsando!” E inmediatamente huyó, sin ni tan siquiera echar una mirada hacia atrás.
Otra liebre, viéndola pasar corriendo para salvar su vida, le preguntó: “¿Qué va mal?”, y también comenzó a correr.
“¡No preguntes!” jadeó la primera. Esto alarmó aún más a la segunda, y aceleró para seguirla.
“¿Qué va mal?” preguntó de nuevo.
Parando tan solo un momento, la primera de las liebres exclamó: “¡La Tierra se está rompiendo!”. Ante esto, las dos escaparon juntas.
Su miedo era contagioso, y otras liebres se les unieron hasta que todas las liebres de aquel bosque huyeron juntas. Cuando otros animales vieron la conmoción y preguntaron acerca de qué iba mal, ellas con la respiración entrecortada les decían:”¡La Tierra se está destruyendo!”, y entonces ellos también comenzaban a correr para salvar sus vidas. De esta forma, a las liebres pronto se les unieron rebaños de ciervos, de jabalíes, de alces, de búfalos, de toros salvajes, y también rinocerontes, una familia de tigres, y algunos elefantes.
Cuando el león vio esta amplia estampida de animales, y oyó la causa de esta huida, pensó: “Verdaderamente, la Tierra no se está acabando. Tiene que haber sido algún sonido que ellos han interpretado mal. Si yo no actúo con rapidez, ellos morirán. ¡Tengo que salvarlos!”
Entonces, corriendo tan rápido como solo él podía correr, se puso frente a ellos, y rugió tres veces. Ante el sonido de su poderosa voz, todos los animales se pararon donde estaban. Jadeantes, juntos temblaban de miedo. El león se acercó, y les preguntó por qué estaban corriendo.
Ellos le respondieron: “¡Se está colapsando la Tierra!”
“¿Quién la vio colapsarse?” preguntó el león.
Algunos animales contestaron: “Los elefantes saben todo al respecto.”
Cuando les preguntó a los elefantes, ellos dijeron: “Nosotros no sabemos nada. Los tigres lo saben.”
Los tigres dijeron: “Los rinocerontes lo saben.” Los rinocerontes dijeron: “Los toros salvajes lo saben.” Los toros salvajes dijeron: “Los búfalos lo saben.” Los búfalos dijeron: “Los alces lo saben.” Los alces dijeron: “Los jabalíes lo saben.” Los jabalíes dijeron: “Los ciervos lo saben.” Los ciervos dijeron: “Las liebres lo saben.”
Entonces cuando les preguntó a las liebres, ellas le indicaron una en particular, y dijeron: “Esta nos lo contará.”
El león le preguntó: “Señor,¿ es verdad que la tierra se está rompiendo?”
La liebre dijo: “Sí ,señor. Yo lo vi”
El león volvió a preguntar: “¿Dónde estabas cuando lo viste?”
La liebre contestó: “En el bosque, en una arboleda de palmas mezclada con árboles de belli. Yo estaba tumbado bajo una palma, a los pies de un árbol de belli, pensando: “Si esta tierra fuese destruida ,¿qué sería de mí?” En ese mismo instante oí el sonido de la tierra rompiéndose, y huí”
Tras escuchar esta explicación, el león se dio cuenta exactamente de lo que había sucedido realmente, pero quiso verificar sus conclusiones, y demostrar la verdad a los demás animales.
El gentilmente logró calmar a los animales, y les dijo: “Yo cogeré a la liebre, y juntos iremos a ver si la tierra se está acabando o no dónde él dice que lo está. Hasta que volvamos, esperad aquí.”
Colocando a la liebre sobre su espalda de color ámbar, él corrió a toda velocidad de vuelta hacia ese bosque. Entonces posó a la liebre y le dijo: “Vamos, muéstrame el lugar que tú dices”
La liebre contestó: “No me atrevo, señor.”
“No temas” dijo el león.
La liebre, temblando de miedo, no quería arriesgarse a ir cerca del árbol de belli. El solo podía apuntar, y decir: “Hacia allí, señor, es el lugar del terrible sonido.”
El león fue hacia el lugar que le indicó la liebre. Pudo ver el lugar en el que la liebre estuvo tumbada sobre la hierba, y vio el fruto maduro de belli que había caído en la hoja de palma. Habiéndose asegurado cuidadosamente de que la tierra no se estaba rompiendo, subió de nuevo a la liebre sobre su espalda, y volvieron a dónde estaban esperando los animales.
Les dijo lo que había encontrado, y dijo: “No tengáis miedo.” Ya confiados, todos los animales volvieron a sus lugares habituales, y reasumieron sus habituales rutinas.
Aquellos animales se habían puesto ellos mismos en un gran peligro porque ellos escucharon rumores y miedos infundados, en vez de intentar encontrar ellos mismos la verdad. Verdaderamente, de no haber sido por el león, aquellas bestias se habrían precipitado al mar, y perecido. Fue solo debido a la sabiduría y compasión del Bodhisattva por lo que ellos escaparon de la muerte.
Tras concluir la historia, el Buda identificó el nacimiento: “En aquel tiempo, yo era el león”



Trad, por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

miércoles, 13 de junio de 2012

Jataka Nº 190 Un Buen Amigo (Silanisamsa Jataka)

El Buda contó esta historia referente a un piadoso seguidor laico estando en el Monasterio de Jetavana.

Una mañana, cuando este discípulo lleno de fe llegó a las orillas del Rio Aciravati, en su camino hacia Jetavana a dónde se dirigía para escuchar al Buda, se encontró con que no había barcas en el punto de embarque. Los barqueros habían llevado sus barcas hacia la otra orilla, que estaba muy lejana, y ellos también se habían marchado para escuchar al Buda. La mente del discípulo estaba tan absorta y llena de deleitosos pensamientos acerca del Buda, que aunque se puso a caminar por el río, sus pies no se hundían bajo la superficie y andaba a través del agua como si fuera sobre tierra seca. Sin embargo, cuando se dio cuenta de las olas al alcanzar la mitad del rio, su éxtasis aminoró, y sus pies comenzaron a hundirse. Pero tan pronto como concentró su mente en las cualidades del Buda, sus pies se elevaron, y fue capaz de seguir lleno de gozo caminando sobre las aguas.

Cuando llegó a Jetavana, él le rindió sus respetos al Maestro, y se sentó a un lado.

El Buda dijo dirigiéndose al discípulo: “Buen laico, espero que no hayas tenido contratiempos en tú camino.”

El discípulo respondió: “Venerable Señor, mientras venía hacia acá, yo estaba tan absorto en pensamientos sobre el Buda que cuando llegué al rio, fui capaz de andar a través de él lo mismo que si fuera sólido.”

Entonces el Buda dijo: “Amigo mío, tú no eres el único que ha sido protegido de esta forma. En tiempos remotos, unos piadosos laicos fueron recogidos por un barco en medio del océano, y ellos se salvaron gracias al recordar las virtudes de un Buda.”

Entonces, a requerimiento del hombre, el Buda contó esta historia del pasado.

Hace mucho, mucho tiempo, en la época del Buda Kassapa, un discípulo laico que ya había entrado en el sendero, compró un pasaje en un barco junto con uno de sus amigos, un rico barbero. La esposa del barbero le pidió a este discípulo que cuidara de su marido.

Una semana después de que el barco abandonara el puerto, se hundió en medio del océano. Los dos amigos se salvaron al poder cogerse a una tabla, y finalmente fueron arrastrados hasta una isla desierta. Hambriento, el barbero mató algunos pájaros, los cocinó, y ofreció una parte de su comida al seguidor del Buda.

Él le contestó: “No, gracias. Estoy bien.”

Entonces comenzó a pensar para sí: “En este lugar tan solitario, no tenemos ayuda ninguna salvo la de las Tres Joyas.”

Cómo se sentó a meditar en las Tres Joyas, un rey Naga que había nacido en esa isla, se transformó en un hermoso barco lleno de las siete cosas preciosas. Los tres mástiles estaban hechos de zafiro, las tablas y el ancla eran de oro, y las cuerdas de plata.

El timonel, que era un espíritu del mar, se levantó en cubierta y gritó: “¿Hay algún pasajero para India?”

El discípulo contestó: “Sí, ahí es donde vivimos”

“Pues entonces, sube a bordo” dijo el espíritu.

El hombre se agarró para subir a bordo del hermoso navío, y se volvió para llamar a su amigo el barbero.

Entonces el espíritu del mar le dijo: “Tú sí que puedes venir, pero él no”

¿Y por qué no?”  preguntó el discípulo.

El espíritu le contestó: “Porque él no lleva una vida de virtud. Yo traje este barco para ti, pero no para él.”

Ante esto, el laico le anunció: “En ese caso, todos los regalos que yo he dado, todas las virtudes que yo he practicado, todos los poderes que yo he desarrollado, de todos ellos le doy el  fruto a él.”

“¡Gracias, Maestro!” sollozó el barbero.

Muy bien, podéis subir los dos a bordo” les dijo el espíritu.

El barco transportó a los dos hombres a través del mar, y remontó el Rio Ganges. Tras dejarlos sanos y salvos en su hogar en Varanasi, el espíritu del mar utilizó su poder mágico para crear una inmensa riqueza para ambos. Entonces, elevándose en el aire, instruyó a los hombres y a sus amigos: “Buscad la compañía del sabio y del bueno. Si este barbero no hubiera estado en compañía de este piadoso laico, habría perecido en el medio del océano.”

Finalmente, el espíritu del mar volvió a sus dominios, llevando con él al rey Naga.

Tras finalizar este discurso, el Buda identificó el nacimiento, y enseñó el Dharma, tras lo cual el piadoso laico entró en el fruto del segundo Camino.

El Buda dijo: “En aquella ocasión, el discípulo alcanzó el estado de Arhat. Shariputra era el rey Naga, y yo era el espíritu del mar.”

 

 

Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.