sábado, 30 de junio de 2012
Sutra de Ksantivadin, el Sabio Paciente.
martes, 26 de junio de 2012
Sutta Lokavipatti (Los Ocho Intereses Mundanos)
“Monjes, estos ocho intereses mundanos giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos ocho intereses. ¿Qué ocho? Son la ganancia, la pérdida, la fama, la irrelevancia, la crítica, la alabanza, el placer, y el dolor. Estos son los ocho intereses mundanos que giran tras el mundo, y el mundo gira tras estos intereses mundanos.
Para una persona ordinaria existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. Para un discípulo de los Nobles que esté bien instruido, también existe el surgir de la ganancia, pérdida, fama, irrelevancia, crítica, alabanza, placer, y dolor. ¿Así que cual es la diferencia, cual la distinción, cual es el factor distintivo entre un discípulo bien instruido de los Nobles, y una persona ordinaria no instruida?”
Los monjes entonces dijeron: “Señor, para nosotros las enseñanzas tienen al Bendito como su raíz, como su guía, y como su juez árbitro. Sería bueno si el Bendito nos explicara el significado de esta afirmación. Habiéndolo escuchado del Bendito, los monjes lo recordaremos”
El Buda respondió: “En ese caso monjes, escuchad y prestad atención”
Los monjes respondieron: “Como tú digas, Señor”
Entonces el Bendito dijo:”La ganancia surge para una persona ordinaria. Él no reflexiona:”La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
La pérdida surge. El no reflexiona:”La pérdida ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
La fama surge. El no reflexiona: “La fama ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
La irrelevancia surge. El no reflexiona: “La irrelevancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
La crítica surge. El no reflexiona: “La crítica ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
La alabanza surge. El no reflexiona: “La alabanza ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
El placer surge. El no reflexiona: “El placer ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
El dolor surge. El no reflexiona: “El dolor ha surgido para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El no discierne tal y como es verdaderamente.
Su mente permanece consumida con la ganancia. Su mente permanece consumida con la pérdida. Su mente permanece consumida con la fama. Su mente permanece consumida con la irrelevancia. Su mente permanece consumida con la crítica. Su mente permanece consumida con la alabanza. Su mente permanece consumida con el placer. Su mente permanece consumida con el dolor.
El se alegra cuando surge la ganancia, y se rebela contra el surgir de la pérdida. El se alegra cuando surge la fama, y se rebela contra el surgir de la irrelevancia. El se alegra cuando surge la alabanza, y se rebela contra el surgir de la crítica. El se alegra cuando surge el placer, y se rebela contra el surgir del dolor. Como él está alegrándose y rebelándose, el no está liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él no es liberado del sufrimiento y del dolor.
Ahora bien, la ganancia surge para un discípulo de los Nobles bien entrenado. El reflexiona: “La ganancia ha surgido para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
La pérdida surge. El reflexiona: “La pérdida surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
La fama surge. El reflexiona: “La fama surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
La irrelevancia surge. El reflexiona: “La irrelevancia surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
La crítica surge. El reflexiona: “La crítica surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
La alabanza surge. El reflexiona: “La alabanza surge para mí. Es inconstante, dolorosa, y está sujeta al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
El placer surge. El reflexiona: “El placer surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
El dolor surge. El reflexiona: “El dolor surge para mí. Es inconstante, doloroso, y está sujeto al cambio.” El discierne tal y como es verdaderamente.
Su mente no permanece consumida con la ganancia. Su mente no permanece consumida con la pérdida. Su mente no permanece consumida con la fama. Su mente no permanece consumida con la irrelevancia. Su mente no permanece consumida con la crítica. Su mente no permanece consumida con la alabanza. Su mente no permanece consumida con el placer. Su mente no permanece consumida con el dolor.
No se alegra cuando surge la ganancia, ni se rebela contra el surgir de la pérdida. No se alegra con el surgir de la fama, ni se rebela contra el surgir de la irrelevancia. No se alegra con el surgir de la alabanza, ni se rebela contra el surgir de la crítica. No se alegra con el surgir del placer, ni se rebela contra el surgir del dolor. Así, abandonando el apego y el rechazo, el es liberado del nacimiento, la vejez, y la muerte; de los pesares, lamentaciones, penas, dolores, y desesperación. Yo os digo que él es liberado del sufrimiento y del dolor.
Esta es la diferencia, esta es la distinción, este es el factor distintivo entre un discípulo de los Nobles bien entrenado, y una persona ordinaria sin instrucción.
Ganancia y pérdida;
Fama e irrelevancia;
Crítica y alabanza;
Placer y dolor;
Entre los seres humanos, estas condiciones
Son inconstantes,
Impermanentes,
Sujetas a cambio.
Sabiendo esto, la persona sabia, consciente,
Pondera estas condiciones cambiantes.
Las cosas deseables no encadenan a la mente,
Las cosas no deseables no provocan rechazo.
Su apego y su rechazo son disipados,
Yendo hacia su fin,
No existen.
Conociendo el estado inmaculado y sin dolor,
Él discierne correctamente,
El ha ido, más allá del devenir,
A la Orilla del Más Allá.
Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.
domingo, 24 de junio de 2012
Sutra al Príncipe Abhaya. (Sobre el habla correcta)
Majima Nikaya 58.
sábado, 23 de junio de 2012
Sutta del Lokayatika.
Cierta vez, mientras el Buda permanecía en Savatthi, un brahmán lokayatika (antigua escuela India de pensamiento cuyos razonamientos derivan de la leyes físicas que se observan en el cosmos) fue a donde se encontraba el Buda, y tras llegar, intercambió corteses saludos con él. Después un cruce de amistosos y corteses saludos, él se sentó a un lado.
jueves, 21 de junio de 2012
Sutra a Singala (Singala Sutta) El Chacal.
Cierta vez el Buda estaba morando en Savatthi; entonces se dirigió a los monjes diciendo: “¡Monjes! Las ganancias, ofrendas, y la fama son una cosa cruel; un obstáculo duro y amargo para el logro de la insuperable liberación.
¿Habéis oído al chacal aullando a últimas horas de la noche?”
Los monjes respondieron: “Sí, Señor”
El Buda prosiguió: “Ese chacal está sufriendo de sarna. No encuentra placer tanto que vaya a un risco, esté al pie de un árbol, o al aire libre. Dondequiera que vaya, dondequiera que esté de pie, o sentado, o tumbado, está hundido en la miseria.
De la misma forma, existe el caso en el que cierto monje está conquistado por las ganancias, las ofrendas, y por la fama, y su mente está consumida. No encuentra placer tanto que vaya a un lugar solitario, o al pie de un árbol, o al aire libre. Dondequiera que vaya, dondequiera que esté de pie, dondequiera que se siente, o dondequiera que se acueste, él está hundido en la miseria. Así es como son de crueles las ganancias, las ofrendas, y la fama: son un duro y amargo obstáculo para el logro de la Insuperable liberación.
Por lo tanto, deberíais de entrenaros así: “Nosotros dejaremos cualquier ganancia, ofrenda, y fama que nos aparezcan; y no permitiremos que cualquier ganancia, ofrenda, y fama que nos aparezcan tengan consumidas a nuestras mentes. Así es como debierais de entrenaros”
Traducido del Pali por el Bhikkhu Thanissaro.
Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.
sábado, 16 de junio de 2012
Jataka Nº 322 El Sonido que Oyó la Liebre. (Duddubha Jataka)
miércoles, 13 de junio de 2012
Jataka Nº 190 Un Buen Amigo (Silanisamsa Jataka)
El Buda contó esta historia referente a un piadoso seguidor laico estando en el Monasterio de Jetavana.
Una mañana, cuando este discípulo lleno de fe llegó a las orillas del Rio Aciravati, en su camino hacia Jetavana a dónde se dirigía para escuchar al Buda, se encontró con que no había barcas en el punto de embarque. Los barqueros habían llevado sus barcas hacia la otra orilla, que estaba muy lejana, y ellos también se habían marchado para escuchar al Buda. La mente del discípulo estaba tan absorta y llena de deleitosos pensamientos acerca del Buda, que aunque se puso a caminar por el río, sus pies no se hundían bajo la superficie y andaba a través del agua como si fuera sobre tierra seca. Sin embargo, cuando se dio cuenta de las olas al alcanzar la mitad del rio, su éxtasis aminoró, y sus pies comenzaron a hundirse. Pero tan pronto como concentró su mente en las cualidades del Buda, sus pies se elevaron, y fue capaz de seguir lleno de gozo caminando sobre las aguas.
Cuando llegó a Jetavana, él le rindió sus respetos al Maestro, y se sentó a un lado.
El Buda dijo dirigiéndose al discípulo: “Buen laico, espero que no hayas tenido contratiempos en tú camino.”
El discípulo respondió: “Venerable Señor, mientras venía hacia acá, yo estaba tan absorto en pensamientos sobre el Buda que cuando llegué al rio, fui capaz de andar a través de él lo mismo que si fuera sólido.”
Entonces el Buda dijo: “Amigo mío, tú no eres el único que ha sido protegido de esta forma. En tiempos remotos, unos piadosos laicos fueron recogidos por un barco en medio del océano, y ellos se salvaron gracias al recordar las virtudes de un Buda.”
Entonces, a requerimiento del hombre, el Buda contó esta historia del pasado.
Hace mucho, mucho tiempo, en la época del Buda Kassapa, un discípulo laico que ya había entrado en el sendero, compró un pasaje en un barco junto con uno de sus amigos, un rico barbero. La esposa del barbero le pidió a este discípulo que cuidara de su marido.
Una semana después de que el barco abandonara el puerto, se hundió en medio del océano. Los dos amigos se salvaron al poder cogerse a una tabla, y finalmente fueron arrastrados hasta una isla desierta. Hambriento, el barbero mató algunos pájaros, los cocinó, y ofreció una parte de su comida al seguidor del Buda.
Él le contestó: “No, gracias. Estoy bien.”
Entonces comenzó a pensar para sí: “En este lugar tan solitario, no tenemos ayuda ninguna salvo la de las Tres Joyas.”
Cómo se sentó a meditar en las Tres Joyas, un rey Naga que había nacido en esa isla, se transformó en un hermoso barco lleno de las siete cosas preciosas. Los tres mástiles estaban hechos de zafiro, las tablas y el ancla eran de oro, y las cuerdas de plata.
El timonel, que era un espíritu del mar, se levantó en cubierta y gritó: “¿Hay algún pasajero para India?”
El discípulo contestó: “Sí, ahí es donde vivimos”
“Pues entonces, sube a bordo” dijo el espíritu.
El hombre se agarró para subir a bordo del hermoso navío, y se volvió para llamar a su amigo el barbero.
Entonces el espíritu del mar le dijo: “Tú sí que puedes venir, pero él no”
“¿Y por qué no?” preguntó el discípulo.
El espíritu le contestó: “Porque él no lleva una vida de virtud. Yo traje este barco para ti, pero no para él.”
Ante esto, el laico le anunció: “En ese caso, todos los regalos que yo he dado, todas las virtudes que yo he practicado, todos los poderes que yo he desarrollado, de todos ellos le doy el fruto a él.”
“¡Gracias, Maestro!” sollozó el barbero.
“Muy bien, podéis subir los dos a bordo” les dijo el espíritu.
El barco transportó a los dos hombres a través del mar, y remontó el Rio Ganges. Tras dejarlos sanos y salvos en su hogar en Varanasi, el espíritu del mar utilizó su poder mágico para crear una inmensa riqueza para ambos. Entonces, elevándose en el aire, instruyó a los hombres y a sus amigos: “Buscad la compañía del sabio y del bueno. Si este barbero no hubiera estado en compañía de este piadoso laico, habría perecido en el medio del océano.”
Finalmente, el espíritu del mar volvió a sus dominios, llevando con él al rey Naga.
Tras finalizar este discurso, el Buda identificó el nacimiento, y enseñó el Dharma, tras lo cual el piadoso laico entró en el fruto del segundo Camino.
El Buda dijo: “En aquella ocasión, el discípulo alcanzó el estado de Arhat. Shariputra era el rey Naga, y yo era el espíritu del mar.”
Trad. por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.