lunes, 29 de enero de 2018

Sutra del Desarrollo de la actividad completa. (Lalitavistara) Capítulo siete-El nacimiento- Parte 2

Monjes, tan pronto como nació el bodhisatva, cientos de miles de miríadas de diosas flotaron en el aire cubriendo a Māyādevī con flores, perfumes, guirnaldas, ungüentos, finas prendas, y ornamentos.

Con respecto a esto, se dice:
“En aquel tiempo, para aquella de virtud inmaculada,
Que brillaba con una luz dorada más intensa que la del Sol y la Luna,
Sesenta mil diosas de voces melodiosas cantaban dulces melodías.
Tras haber llegado en un instante al jardín de Lumbini, dijeron a Māyādevī:
“¡No estés preocupada, sino que llénate de alegría! Nosotras te serviremos.”

¡Di! ¿Qué podemos hacer por ti? Dinos qué necesitas.
Nosotras somos tus sirvientas, y estamos alegres con esta tarea.
Te pedimos que seas dichosa y que abandones todo pesar.
Reina, hoy darás a luz sin complicaciones, al más sublime de los médicos.
Quien vencerá a la enfermedad y la muerte. [92]

Se abrieron los brotes de los árboles, y los árboles de sāla florecieron;
Miles de dioses están ante ti, postrando sus brazos.
El mar y la tierra tiemblan de seis formas diferentes;
Hoy tu darás a luz a un hijo que será conocido en cielo y tierra, el Transcendente.

Todo brilla con una luz de color dorado que lo embellece;
En el cielo suena una dulce música sin que los instrumentos sean tocados;
Cien mil dioses de  Suddhāvāsa, puros y libres de pasiones, se postran gozosos ante ti;
Hoy tú alumbrarás a un hijo que será la ayuda de todos los mundos.

Sakra, Brahma, los Guardianes del Mundo, y muchos otros dioses
 Permanecen gozosos a tu lado; con las manos juntas.
El León de los Hombres, de conducta disciplinada, salió del lado derecho de su madre;
Como una montaña dorada, el Guía del Mundo emerge en una luz brillante y pura.

Sakra y Brahma lo sostuvieron en sus brazos, recibiendo al Muni.
Cien mil Campos de Buda temblaron, y brillaron rayos de luz pura.
Cien mil dioses arrojaron flores y agitaron estandartes;
E incluso los seres de los tres destinos desafortunados estaban felices y libres de miserias.

La tierra adoptó la dureza del diamante y así permanece firme;
Cuando el Guía más excelente posa sus pies embellecidos con la marca de una rueda,
Aparece un loto maravilloso. Tras dar siete pasos, dice con la voz de
Brahma:
“Yo seré el más grande de los médicos, el destructor de la enfermedad y la muerte.” [93]

Brahma y Sakra bañaron al Guía más excelente, con agua dulcemente perfumada;
Dos reyes naga que habitaban en el cielo hicieron brotar
Dos corrientes de agua fría y caliente.
Y cien mil dioses bañaron al Guía más excelente con aguas perfumadas.

Los Guardianes del Mundo lo sostuvieron en sus bellas manos con el mayor respeto;
El gran universo de tres millones de mundos, con lo animado e inanimado, tembló.
Surgieron rayos de luz brillante que alcanzaron incluso los tres destinos inferiores;
El sufrimiento y las aflicciones son aliviados cuando el Guía del mundo nace.

Los dioses esparcieron flores sobre este Conquistador Guía de los Hombres;
El héroe fuerte y diligente, recién nacido, dio siete pasos firmes,
Y dondequiera que posaba sus pies surgían de la tierra los lotos más hermosos,
Adornados con toda clase de joyas.

Después de dar siete pasos, proclamó con melodiosa voz de Brahma:
“Ha llegado el destructor de la vejez y la muerte, el Médico Sublime.”
Mirando sin miedo hacia todas las direcciones, pronunció estas palabras llenas de significado:
“Yo soy el Líder del Mundo, soy el Guía del Mundo.”

“Este es mi último nacimiento.”
Y cuando decía esto, el Guía del Mundo sonreía.
Sakra y los Guardianes del Mundo generaron una fe firme,
Y bañaron a aquel que vino a ayudar al mundo con agua perfumada.

Los reyes de los nagas también lo bañaron,
Y también otros dioses, cientos de miles de ellos
Que estaban suspendidos en el aire
También lo bañaron con aguas de dulces fragancias. [94]

Al abrigo de un gran parasol blanco y de abanicos reales,
Ellos bañaron al cuerpo surgido de sí mismo con agua perfumada;
Los dioses, suspendidos en el aire
Bañaron al más grande de los hombres.

Un hombre relató rápidamente el feliz suceso al Rey Suddhodana;
Y le dijo lleno de alegría: “¡Oh, rey afortunado! Un hijo ha nacido adornado con signos.
Será un monarca universal, la joya de tu familia.
No tendrá enemigos en Jambudvipa, y solo él portará el parasol símbolo de soberanía.”

Un segundo hombre corrió hacia el Rey Suddhodana para decirle:
“¡Oh rey afortunado! Señor, en el clan de los Sakya
Han nacido 25.000 niños,
Todos ellos dotados de fuerza y grandeza.”

Otro hombre llegó, y dijo: “¡Oh, rey! Escucha mis buenas noticias.
Entre los sirvientes han nacido 800 niños, encabezados por Chandaka.
Entre los caballos han nacido 10.000 potros, con Kanthaka a la cabeza.
Son los mejores caballos, de color dorado, con crines y rabos plateados.

Veinte mil reyes de las zonas fronterizas vinieron ante el rey, diciendo:
“¡Oh, rey! ¡Que puedas ser victorioso!
Nosotros hemos venido. Dinos, rey, ¿Qué debemos hacer?
Majestad, eres el Señor y nosotros somos tus súbditos. Rey, ¡Que la victoria sea tuya!”

Veinte mil elefantes adornados con redes doradas
Han marchado rápidamente hacia Kapilavastu llenando el aire con sus sonidos. [95]
Encabezados por Gopā, han nacido seis mil terneros de color negro.
Como ha nacido quien es superior a los dioses, así hacen esos otros seres. ¡Qué excelencia para el reino!

¡Ve, rey, a ver lo que es tuyo! ¡Señor de mérito resplendente!
Como miles de dioses y de humanos gozosos ven las cualidades del recién nacido,
Ellos exclaman llenos de alegría al ver sus virtudes:
“Iluminado, libre de todo sufrimiento, ¡Que puedas ser pronto victorioso!”

Monjes, cuando nació el bodhisatva tuvo lugar una amplia distribución de regalos. Además nacieron quinientos hijos de familia noble. También nacieron diez mil chicas, lideradas por Yasovatī, y también nacieron entre los sirvientes ochocientas niñas y quinientos niños, estos liderados por Chanda. También nacieron diez mil yeguas y diez mil potros, con Kanthaka a su cabeza. Finalmente tras el nacimiento del bodhisatva también nacieron muchos elefantes, quinientos machos y quinientas hembras. Estos nacimientos fueron inscritos en registros por el Rey Suddhodana, y dados al joven príncipe para su diversión.
Debido al poder del bodhisatva y para disfrute del bodhisatva, en el medio de los cuatro millones de continentes nació un árbol de la iluminación, y en el continente más interior apareció un bosque de sándalo. Para disfrute del bodhisatva también aparecieron quinientos jardines en las cercanías de la ciudad. Y se hicieron visibles en la tierra los accesos a quinientos tesoros. Todos los deseos del Rey Suddhodana fueron completamente colmados.

Entonces, el Rey se preguntó: “¿Qué nombre le daré ahora al joven príncipe?”; y pensó: “Puesto que tras su nacimiento todos los deseos se han visto completamente colmados, le daré el nombre de Sarvārthasiddha[1]. “ Entonces el Rey [96] Suddhodana preparó una gran ceremonia para darle el nombre, y dijo: “Que pueda el joven príncipe ser conocido como Sarvārthasiddha”.
Monjes, aunque el bodhisatva había nacido de la parte derecha del vientre de su madre, ella no había sufrido ninguna clase de daño, y estaba tal como solía estar antes. Y en el momento del nacimiento habían aparecido tres manantiales, y tres estanques con aceites perfumados.
Entonces cinco mil doncellas celestiales aparecieron ante la madre del bodhisatva portando aceites impregnados con perfumes divinos, preguntándole si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada. Similarmente, cinco mil doncellas celestiales aparecieron ante la madre del bodhisatva portando ungüentos, y le preguntaron si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada.
Entonces cinco mil jóvenes diosas se aproximaron la madre del bodhisatva llevando vasos llenos de agua con aromas divinos, y le preguntaron si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada.
A continuación, cinco mil diosas jóvenes se aproximaron a la madre del bodhisatva portando prendas infantiles celestiales, y le preguntaron si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada.
Cinco mil diosas jóvenes se aproximaron a la madre del bodhisatva llevando ornamentos infantiles divinos, y le preguntaron si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada. Entonces aparecieron cinco mil doncellas celestiales sosteniendo instrumentos musicales celestiales, y le preguntaron si el nacimiento había sido feliz, y si ella se sentía cansada.

Todos los sabios no budistas en la tierra de Jambudvipa, quienes poseían las cinco clases de conocimiento superior, llegaron volando a través de los cielos y pararon en presencia del Rey Suddhodana, y pronunciaron las siguientes palabras: “¡Que pueda el rey ser victorioso y próspero!”

¡Oh, monjes! Cuando nació el bodhisatva, durante los siete días siguientes al nacimiento, él fue honrado con música celestial y humana, respetado, y reverenciado en el jardín de Lumbini. Allí se prepararon y ofrecieron platos delicados; y reunido todo el clan de los Sakya, con exclamaciones de deleite practicaron la generosidad y las buenas acciones,  [97] y cada día fueron satisfechas las necesidades de 32.000 brahmines, a quienes les dieron todo lo que deseaban.
Sakra y Brahma tomaron la forma de dos hombres jóvenes en aquella reunión de brahmines, y sentándose en los lugares disponibles en cabeza, pronunciaron estos versos con respecto a los presagios:

“Aquellos que están en los estados desafortunados son confortados,
Y todos los seres están felices.
Seguramente que quien establecerá a los seres en la felicidad,
Quien traerá la alegría, ha nacido.

Como las luces sin nubes de los dioses,
Del Sol y de la Luna,
Son eclipsados y desaparecen,
Seguramente que ha aparecido el dotado con el esplendor del mérito.

El ciego pudo volver a ver;
El sordo volvió a oír;
El loco recobró sus sentidos;
Seguramente serán construidas muchas caityas para honrarle.

Los grilletes de las pasiones ya no atormentan,
Y las mentes de los seres están llenas de amor;
Sin lugar a dudas es cierto
Que él es digno de recibir el homenaje de diez millones de Brahmas.

Los árboles de sāla están floridos;
Y la tierra está nivelada.
Ciertamente será digno de todo homenaje,
Y será el Omnisciente.

El mundo está en calma,
Y han surgido grandes lotos.
Sin ninguna duda, este ser esplendoroso
Será el guía del  Mundo.

Las suaves brisas perfumadas con incienso
Alivian el sufrimiento de los seres,
Y son curadas las enfermedades de todas las criaturas.
Seguramente él será el Rey de los Médicos.

Los cientos de dioses del Reino de la Forma
Están libres de sus pasiones,
Y se postran con las manos juntas.
Con seguridad él es digno de ofrendas.

Los hombres pueden ver a los dioses,
Los dioses pueden ver a los hombres,
Y nadie hace daño al otro.
Seguramente que será el líder de los seres. [98]

Los fuegos se han apagado,
Los ríos han dejado de fluir,
Y la tierra se mueve suavemente;
Seguramente él será alguien que ve la verdad.

Monjes, siete días después del nacimiento del bodhisatva llegó el momento de la muerte para Māyādevī; y tras su muerte Māyādevī renació en el Cielo de los Treinta y Tres.
Monjes, vosotros podéis pensar que la muerte de Māyādevī fue debido al nacimiento del bodhisatva, pero estáis equivocados. Realmente esa no es la forma de verlo, puesto que ella había alcanzado la máxima duración de su vida. Monjes, siete días después de que los bodhisatvas del pasado nacieran en su último renacimiento, sus madres también murieron. ¿Y por qué sucede esto? Porque si un bodhisatva creciera desarrollando plenamente sus facultades, en el momento en el que renunciara abandonando el hogar, el corazón de su madre se rompería.

Monjes, así pues, siete días después de que Māyādevī hubiera salido de la gran ciudad de Kapilavastu, para ir con gran pompa hasta el jardín de recreo, el bodhisatva entró en la gran ciudad de Kapilavastu con un esplendor un trillón de veces mayor.
En el momento de su entrada en la ciudad fueron llevadas delante de él cinco mil vasijas llenas de agua perfumada. También había cinco mil doncellas en cabeza portando abanicos hechos con plumas de pavo real; las precedían cinco mil doncellas que portaban hojas de palma, y aún más adelante había cinco mil doncellas sosteniendo vasos dorados llenos de agua perfumada con la que rociaban el trayecto. Estas estaban precedidas por cinco mil muchachas que llevaban diversas guirnaldas confeccionadas con flores silvestres, y también de cinco mil chicas que portaban diversas cajas. Entonces vinieron otras cinco mil doncellas adornadas con joyas preciosas, y que iban barriendo el camino. Más adelante aún, caminaban cinco mil chicas que portaban cojines, [99] y cinco mil brahmines llevando campanillas, las cuales hacían sonar produciendo sonidos auspiciosos. Delante de ellos caminaban veinte mil elefantes engalanados con todos sus adornos, y veinte mil caballos cubiertos con adornos dorados y joyas.
Siguiendo al bodhisatva venían ochenta mil carros bellamente engalanados con mallas de campanillas doradas, y con parasoles, estandartes de la victoria, y banderas. Después venían cuarenta mil imponentes soldados de infantería, dignos y valientes, héroes vistiendo sus cuerpos fuertes con armaduras. En los cielos, incontables cientos de miles de millones de dioses de los Reinos del Deseo y de la Forma rendían homenaje al bodhisatva con diversas clases de ofrendas. El propio bodhisatva montaba en un carro que había sido ataviado por los dioses del Reino del Deseo con gran cantidad de adornos. El carro era tirado por veinte mil diosas jóvenes bellamente adornadas con joyas, y que llevaban guirnaldas de perlas. Entre cada dos diosas jóvenes había una muchacha humana, y entre cada dos muchachas humanas, había una joven celestial. Sin embargo, debido al poder del bodhisatva, las jóvenes celestiales no encontraban desagradable el olor de las humanas, ni tampoco estas se sentían humilladas por la belleza de las doncellas divinas.

¡Oh, monjes!, cinco mil Sakyas habían construido cinco mil moradas para el bodhisatva en la hermosa ciudad de Kapilavastu. Cuando el bodhisatva entró en la cuidad, cada Sakya, de pie ante cada una de las casas, con las manos juntas se postró respetuosamente ante el bodhisatva, suplicando: “¡Oh, Sarvārthasiddha, te ruego que entres aquí! ¡Dios entre los dioses, te ruego que entres aquí! ¡Ser puro, te ruego que entres aquí! ¡Capitán sublime, te ruego que entres aquí! ¡Fuente del placer y de la alegría, inmaculado en tu gloria, te ruego que entres aquí! [100] ¡Tú que eres famoso como estando más allá del reproche, te ruego que entres aquí! ¡Tú que lo ves todo, te ruego que entres aquí! ¡Incomparable y sin igual, tú que posees el esplendor de las virtudes inmaculadas, cuyo cuerpo está bien adornado con las marcas mayores y menores, te ruego que entres aquí!”

Puesto que el Rey Suddhodana quería hacer felices a todos, y que no hubiere resentimientos, alojó al bodhisatva por turnos en cada una de las casas. De este modo, fue solo transcurridos cuatro meses cuando el bodhisatva entró en su propia morada, el gran palacio conocido como Nānāratnavyūha[2]. Aquí se estableció el bodhisatva, y aquí los más ancianos de entre el clan de los Sakya se reunieron en consejo para tratar sobre quién entre sus mujeres debería de ser la responsable de educar, cuidar, y alimentar al bodhisatva. Estuvieron de acuerdo en que debería ser una persona sabia y buena, que debería de cuidarlo en una atmosfera de bondad y altruismo. Entonces cincuenta mujeres Sakya dijeron: “Yo soy la que debería de servir al bodhisatva.”
Pero los más ancianos entre los Sakya observaron: “Todas estas mujeres son jóvenes y hermosas, envanecidas y orgullosas de su belleza. Estas mujeres son incapaces de cuidar del príncipe y de sus necesidades. Solo Mahāprajāpatī Gautamī, la hermana de la madre del joven príncipe, es capaz de cuidar de él. Ella hará que el príncipe esté feliz y a gusto, y también hará feliz al Rey Suddhodana.”

Todos estuvieron de acuerdo en confiar en Mahāprajāpatī Gautamī, y a ella se le encomendó la labor de criar al joven príncipe. Fueron escogidas treinta y dos niñeras para servir al bodhisatva: ocho para sacarlo a pasear, ocho para amamantarlo, ocho para bañarlo, y ocho para jugar con él.



[1] Quien colma todos propósitos.
[2] Diverso conjunto de gemas.

sábado, 13 de enero de 2018

Sutra del Desarrollo de la actividad completa (Lalitavistara) Capítulo 7 El nacimiento-Primera parte.

Monjes, cuando pasaron diez meses lunares, y había llegado la noche del nacimiento del bodhisatva, aparecieron treinta y dos signos precursores en el palacio. ¿Cuáles eran estos treinta y dos signos? Todas las flores hincharon sus yemas y florecieron. En los estanques, los lotos azules, amarillos, rojos, y blancos hincharon sus yemas, y abrieron sus flores. En los jardines surgieron árboles frutales y florales nuevos, los cuales también florecieron. Aparecieron ocho árboles de joyas y emergieron veinte tesoros de la tierra, y se quedaron sobre el terreno. Dentro de los apartamentos de las mujeres brotaron ramas enjoyadas. Brotaron arroyos de aguas calientes y frías, perfumadas con dulces fragancias. Desde las estribaciones del Himalaya los cachorros de león encontraron el camino hasta la ciudad de Kapilavastu, y después de circunvalar la ciudad por tres veces, entonces se acercaron a descansar a las puertas de la ciudad, sin hacer nada a nadie. Llegaron quinientos elefantes jóvenes de color blanco que tocaron los pies del rey Suddhodana con la punta de su trompa, y entonces se quedaron cerca de él. Dioses niños llevando pañales, [77] fueron vistos balanceándose de un lado a otro en las habitaciones del séquito femenino de la reina del Rey Suddhodana.
Diez mil vasijas llenas de agua fueron vistas formando un anillo en torno a la gran ciudad de Kapilavastu. Las hijas de los nagas aparecieron suspendidas en la expansión del cielo, mostrando la mitad superior de sus cuerpos, y portando diversas ofrendas. También aparecieron en el cielo las hijas de los dioses, inmóviles y esperando; en el cielo fueron vistas diez mil jóvenes diosas, que portaban abanicos hechos con plumas de pavo real; también había diez mil diosas que portaban sobre sus cabezas vasos dorados de agua perfumada; diez mil diosas que llevaban parasoles, banderas, y estandartes; y cientos de miles de diosas sosteniendo conchas y tambores, con tambores de mano colgando de sus cuellos.
Los vientos se calmaron y dejaron de soplar. Los ríos y arroyos detuvieron su curso. La Luna, el Sol, los carros celestiales, los planetas, y las estrellas, todos permanecieron quietos. Apareció la constelación de Pusya. El palacio del rey Suddhodana apareció adornado por una red de joyas, y los fuegos de palacio se apagaron. Aparecieron perlas y piedras preciosas decorando los palacios, galerías, terrazas, y portales. Las puertas de las tiendas que trataban en paños blancos, y las que comerciaban con diversas cosas preciosas, todas ellas permanecieron abiertas. Cesaron los graznidos de los cuervos, búhos, y buitres; los aullidos de los lobos y chacales se acallaron; y solo se oían los sonidos más placenteros. Todas las labores de los hombres hicieron alto. El terreno se niveló sin que quedaran hoyos ni desniveles; todos los cruces de camino, plazas públicas, calles, y mercados quedaron tan lisos como la palma de una mano, y  cubiertos de pétalos de flores. Todas las mujeres preñadas alumbraron a sus hijos sin dificultad. Los dioses del bosque de árboles de sāla fueron vistos en medio de las hojas de los árboles, revelando la parte superior de sus cuerpos, y se quedaron allí, postrándose. Estos fueron los treinta y dos signos precursores. [78]

A través del poder del bodhisatva, la reina Māyā supo que la hora del nacimiento del bodhisatva estaba a punto de llegar, y a primera hora de la noche fue a buscar al Rey Suddhodana, y dijo lo siguiente:

“Señor, por favor, escucha lo que estoy pensando.
Desde hace mucho tiempo yo he estado pensando en el jardín de recreo;
Pero ahora yo deseo ir al jardín, si ello
No te causa desagrado, miedo, apuro, o pesar.

Tus pensamientos de han vuelto hacia el Dharma, y has practicado austeridades;
Por mi parte, yo he llevado dentro a un ser puro durante mucho tiempo,
Los sālas, los más hermosos de los árboles, están cubiertos de flores,
¡Oh, Rey! Es el momento para ir al jardín de recreo.

La primavera, la estación más hermosa, es una época deliciosa para las mujeres;
Las llamadas de los cucos y pavos reales resuenan en medio de los bosques,
Y la fragancia fresca de muy diversas flores vuela en todas partes.
¡Por favor, te ruego que des la orden de partir sin demora!

El más poderoso de los reyes quedó complacido al oír estas palabras de Māyādevī;
Y entonces dijo a su séquito, lleno de alegría:
“¡Preparad los caballos, elefantes, y carretas!
¡Preparad y decorad el Jardín de Lumbini, el jardín de belleza más excelente!

Preparad veinte mil elefantes
De color azul oscuro como las montañas o las nubes de tormenta. [79]
Cubridlos con redes de perlas y oro, y colgad pequeñas campanillas
A los flancos del rey de los elefantes de seis colmillos.

Preparad veinte mil caballos tan blancos como la nieve,
Como la plata, con bellas crines plateadas.
Adornad sus flancos con redes doradas, de las que cuelguen campanillas.
Las monturas del rey son ligeras y rápidas como el viento.

Reunid rápidamente a veinte mil bravos guerreros,
Héroes que anhelan el campo de batalla y el combate.
Que empuñen sus espadas, arcos, flechas, y jabalinas.
Que guarden a Māyā y a su séquito, con el más profundo respeto.

Engalanad el Jardín de Lumbini con adornos dorados y perlas,
Atad muchos estandartes rojos a los árboles,
Y plantad flores por todos lados; arreglad todo
Hasta que el Jardín de Lumbini sea como el jardín de los dioses.

Los asistentes prepararon rápidamente las monturas, y decoraron el Jardín de Lumbini;
Tan pronto como estuvo hecho, todos ellos exclamaron:
“¡Victoria, victoria, Oh Príncipe de los Hombres, que vivas por siempre!
Todo ha sido hecho tal como ordenaste, ¡Mira, Oh Señor, ha llegado la hora!

Con una mente alegre, el Príncipe de los Hombres,
Entró en el palacio y dijo a las mujeres:
“A aquellas de vosotras para quienes soy querido y deseáis complacerme,
Haced tal como os digo, y adornaros bien. [80]

Os ruego que os vistáis alegremente,
Perfumad con las más dulces esencias vuestras ropas de alegres colores,
Suaves y hermosos. Adornaros, con collares de perlas cubriendo vuestros pechos,
Mostrad hoy el esplendor de vuestros adornos.

Preparad los tambores y laudes, las flautas, arpas, y panderetas;
Y cien mil instrumentos deliciosos.
Mejorad la alegría de las hijas de los dioses.
¡Que puedan los más dulces sonidos encantar a los propios dioses!

Que la Reina Māyā vaya sola
En el mejor de los carruajes, conducido por jóvenes mujeres de rango;
Que ningún otro hombre o mujer vaya en él;
Que no se oiga nada desagradable o discordante.”

Entonces Māyādevī dejó el palacio y se dirigió a la puerta del rey,
Cuando llegó, los caballos, elefantes, carros, soldados de infantería,
Todos ellos lanzaron un rugido glorioso que era como un mar embravecido,
Y cientos de miles de campanillas sonaron como signo de bendición.

El mismo rey decoró
El carruaje resplandeciente.
Mientras miles de dioses
Preparaban el trono.

Los árboles ornamentales estaban cubiertos de hojas y flores,
Los pavos reales, grullas, y gansos graznaban alegremente; [81]
Había parasoles, estandartes, y banderas por todas partes,
Las hijas de los dioses observaban el carruaje cubierto con sedas,

Cuando Māyā estuvo sentada en el trono de león,
Ellas cantaron bellas melodías celestiales de alabanza.
La tierra en los tres millones de mundos tembló de seis formas diferentes;
Y los dioses ondularon pañuelos y esparcieron una lluvia de flores.

Hoy nacerá en el Jardín de Lumbini el Más Grande de los Hombres;
Los Cuatro Guardianes del Mundo tiran del carruaje; el propio Indra,
El Señor del Cielo de los Treinta y Tres[1] , purifica el camino; mientras Brahma,
Marcha en cabeza apartando a los incontrolados, y cien mil dioses se postran respetuosamente con las manos juntas.

El rey ve todo esto satisfecho, pensando: “Alguien a quien honran así
Los Cuatro Guardianes del Mundo, Brahma y los dioses, e Indra, seguramente será un Buda.
Ningún otro en los tres mundos puede soportar ese honor, rompería en pedazos;
Se rompería su cabeza, perdería su vida,
Pero quien está por encima de los dioses puede aceptar todos los honores.”

Monjes, Māyādevī partió desde las puertas de palacio rodeada por los 84.000 carruajes tirados por caballos, por 84.000 palanquines portados por elefantes, cubiertos por ornamentos de todo tipo, [82] y 84.000 bravos soldados de infantería portando escudos y sólidas y vistosas armaduras la guardaban. Sesenta mil mujeres del clan de los Sakya caminaban ante ella, y a su lado iban cuarenta mil de hombres del clan Sakya, parientes del Rey Suddhodana, viejos, jóvenes, y de mediana edad. Sesenta mil mujeres de las habitaciones internas del palacio real la rodeaban con cantos y música, empleando toda clase de instrumentos. La escoltaban 84.000 hijas de los dioses, y también 84.000 hijas de los nagas, 84.000 hijas de los gandharvas, 84.000 hijas de los kinnara, y 84.000 hijas de los asuras todas ellas bellamente adornadas, cantando alabanzas con voces melodiosas.

Todo el Jardín de Lumbini, el más bello de los jardines, estaba rociado con agua perfumada y lleno de flores celestiales. Cada árbol de esa arboleda perfecta tenía hojas, flores, y frutos. Los dioses lo habían decorado a la perfección, lo mismo que hacen con el Jardín de Misraka.

Bajando del más hermoso de los carruajes, Māyādevī entró en el Jardín de Lumbini rodeada por las hijas de los hombres y de los dioses; pasando de arboleda en arboleda, miraba un árbol tras otro, hasta que llegó bajo una higuera[2], la más bella de todas. Sus ramas bien proporcionadas estaban cubiertas con hojas y brotes brillantes, y también con flores celestiales y terrenales. Este árbol emitía el más dulce de los perfumes, y sus ramas estaban ricamente decoradas con tejidos de todos los colores. Centelleaba con la luz de muchas gemas y joyas, ya que sus raíces, tronco, sus gráciles ramas, e incluso sus hojas estaban adornadas con joyas. Sus ramas eran largas y se difundían ocupando un gran espacio. En el punto en el que el árbol enraizaba, la tierra estaba llana como la palma de una mano, y rodeada de hierba tan verde como el cuello de un pavo real, la cual era tan suave al tacto como una prenda de tejido de kācalindi.
Todas las madres de los Conquistadores del pasado se habían apoyado contra este árbol; y los dioses, de forma bella y perfectamente pura, lo habían alabado en canciones. [83] Cientos de miles de dioses de los cielos de las moradas puras[3], de mente calmada, postraron sus cabezas de cabellos plateados y coronadas con diademas ante este árbol para honrarlo. Ahora la reina y su séquito se habían acercado a esta higuera pura e inmaculada.

Cuando Māyādevī se aproximó, a través del poder del glorioso bodhisatva, la higuera se postró ante ella saludándola. Māyādevī elevó su brazo derecho, brillando como la luz de un relámpago en el cielo, y cogió una rama de la higuera para aguantar su peso. Estirándose, ella miró a la amplia extensión del cielo. Sesenta mil doncellas celestiales de los cielos del Reino del Deseo vinieron cerca de ella para servirla y formar una guardia de honor en torno a ella.
En aquel momento se produjeron manifestaciones milagrosas como las que había sucedido cuando el bodhisatva entró en el vientre de su madre. Había llegado el final de los diez meses lunares, y entonces nació el bodhisatva surgiendo del lado derecho del vientre, sin ser mancillado por la suciedad del vientre, poseyendo una memoria y sabiduría plena. No puede decirse esto de ningún otro.

Monjes, en ese mismo instante, Sakra, el jefe de los dioses; y Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, comparecieron ante el bodhisatva. Como ellos lo recordaban y sabían quién era, sintiendo una profunda reverencia y respeto hacia la tierna forma del bodhisatva, envolvieron al bodhisatva en un tejido de seda celestial con hilos de oro y plata, y lo sostuvieron en sus brazos.
Entonces, Brahma y los dioses del Cielo de Brahma cogieron la morada de joyas en la que el bodhisatva había residido mientras permaneció en el vientre de su madre, y lo llevaron hacia el Cielo de Brahma, construyendo una caitya para encerrarlo, y rendirle homenaje. Así pues, el bodhisatva fue recibido en primer lugar por los dioses, antes de que fuera tocado por los humanos.
Tan pronto como nació, el bodhisatva descendió a la tierra; y desde el interior de la tierra surgió un gran loto para recibirlo. Los reyes nagas Nanda y Upananda mostraron la parte superior de sus cuerpos en la gran expansión del cielo, haciendo que manaran dos corrientes de agua, una caliente y otra fría, para bañar al bodhisatva; [84] y a continuación Sakra, Brahma,  los Guardianes del Mundo, y cientos de miles de dioses bañaron al bodhisatva, lo rociaron con agua perfumada y esparcieron pétalos de flores sobre él.
En el aire aparecieron un parasol enjoyado y dos abanicos encima del bodhisatva, quien permanecía sobre un gran loto contemplando las diez direcciones con la mirada de un león, con la mirada de un gran ser.

Oh, monjes, el bodhisatva miró con el ojo divino surgido de la maduración completa de las raíces de virtud acumuladas previamente. Con el ojo divino sin obstrucciones él vio completamente los tres mil millones de mundos, con sus ciudades y aldeas, sus provincias, capitales, y reinos, y también a todos los hombres y dioses. El conocía perfectamente el pensamiento y la conducta de todos los seres; y conociéndolos, vio que no había nadie comparable a él en el gran macrocosmos de tres millones de mundos en conducta virtuosa, disciplina, absorción meditativa, y sabiduría.

Lo mismo que un león sin temor, el bodhisatva recordó el pensamiento de bondad que está libre de ansiedad, aprehensión, o terror. Conociendo los pensamientos y la conducta de todos los seres, el bodhisatva dio por sí mismo siete pasos hacia el este, y dijo: “Yo caminaré al frente de todos los fenómenos que tienen a la virtud como raíz.”
Conforme caminaba, sobre él flotaba un gran parasol blanco y dos abanicos reales; y bajo él surgían lotos en cada sitio en el que posaba el pie.

El bodhisatva dio siete pasos hacia el sur, y dijo: “Yo seré digno de las ofrendas de dioses y hombres.” Dando siete pasos hacia el oeste, como un león bien satisfecho, dijo: “Yo soy el ser supremo en el mundo [85] pues este es mi último nacimiento; yo pondré fin al nacimiento, vejez, enfermedad, y muerte.” Dio siete pasos hacia el norte, y dijo: “Yo seré el inigualado entre los seres.” Dando siete pasos más, miró hacia abajo, y dijo: “Yo destruiré a Māra y su ejército. Apagaré los fuegos del infierno con la lluvia de la gran nube del Dharma, llenando de alegría a los seres infernales.” Dando siete pasos finales, miró hacia arriba, y dijo: “Todos los seres me mirarán.”

Puesto que el bodhisatva habló de este modo, sus palabras fueron oídas inmediatamente a través de todo el gran macrocosmos de tres millones de mundos. Tal era la naturaleza de la sabiduría primordial, nacida de la maduración de las acciones previas del bodhisatva. Siempre que un bodhisatva nace en su última existencia, cuando despierta a la insuperable y completa iluminación de un Buda, tienen lugar diversas manifestaciones milagrosas.

Monjes, en aquel tiempo todos los seres estaban tan deleitados que los bellos de sus cuerpos se erizaron de placer. También hubo un aterrador terremoto, el cual hizo que sus cabellos se irguieran; los címbalos y los instrumentos de dioses y hombres sonaron sin que nadie los tocara. En aquel tiempo, en todo aquel gran macrocosmos, todos los árboles florecieron y dieron fruto, aunque no fuera la estación. De la expansión del cielo puro se oyó el sonido de un trueno, y de un cielo sin nubes los dioses hicieron que cayera una fina lluvia mezclada con flores celestiales coloreadas, paños, ornamentos, y polvos de incienso. Comenzaron a soplar vientos suaves y fragantes, deliciosos y refrescantes. Todos los lugares tenían una apariencia serena y luminosa, libres de la oscuridad, polvo, humo, y niebla.
Los grandes sonidos del Cielo de Brahma, dulces y prolongados, fueron oídos provenientes de lo alto del cielo. Toda la luz del Sol, la Luna, Sakra, Brahma, y de los Guardianes del Mundo [86] fueron eclipsados por una luz que se difundió a través de los tres millones de mundos, luciendo con cien mil colores, y haciendo que los seres que eran tocados por ella sintieran un gran bienestar, y alegría física y mental. Tan pronto como nació el bodhisatva todos los seres llegaron a llenarse de gozo. Todos ellos quedaron liberados del deseo, odio, e ignorancia; del orgullo, tristeza, depresión, y miedo. Fueron liberados del apego, envidia y codicia; y cesaron todas las acciones contrarias a la virtud. Los enfermos fueron curados, los hambrientos y sedientos no fueron oprimidos más por el hambre y la sed. Aquellos enloquecidos por la bebida perdieron su obsesión. Los locos recuperaron el control de sus sentidos, los ciegos recuperaron la vista, y los sordos pudieron volver a oír. Los mancos y cojos recuperaron unos miembros perfectos; los pobres obtuvieron riquezas; los cautivos recuperaron la libertad. Los seres arrojados en el Infierno de Avici y en otros infiernos fueron aliviados de su sufrimiento y miseria; el sufrimiento de los seres nacidos como animales, tales como el temor a ser devorados por otros, también fue pacificado; y los sufrimientos del hambre y de la sed experimentados por aquellos que habitaban en el Reino de Yāma, el Señor de la Muerte, fueron también pacificados.

El bodhisatva, debido a las acciones puras que él había realizado durante cientos de miríadas de eones, había adquirido la esencia del Dharma; y estaba dotado con una gran diligencia y fuerza. En el momento de su nacimiento, cuando dio los primeros siete pasos, el ya había alcanzado el estado de realidad; por lo tanto, todos los Budas de las diez direcciones, al unísono, dieron al lugar en el que posaba su pie la naturaleza del diamante, pues de otro modo la fuerza de sus pasos provocarían la devastación. Monjes, tal era la extraordinaria fuerza de los primeros pasos del bodhisatva recién nacido.

En aquel tiempo, todo el mundo se llenó de una gran luz brillante, y se oyó en el aire el sonido de cantos y música de danza; de numerosas nubes cayó una profusión de flores, incienso en polvo, perfumes, guirnaldas, perlas, ornamentos, y estandartes. Todos los seres estaban llenos de una alegría perfecta. [87] Esos fueron los grandes eventos que acontecieron cuando el bodhisatva, quien es el más destacado en todos los mundos, nació en este mundo.

Llegado a este punto, el Venerable Ananda, se levantó de su asiento, y colocando su túnica sobre un hombro, con la rodilla derecha en tierra, y las palmas de las manos juntas en dirección al Bhagavan, se postró, y dijo: “El Bhagavan, el Tathagata, es realmente más sorprendente que ningún otro. El bodhisatva posee unas cualidades increíbles, pero, ¿Qué puede decirse de alguien que ha alcanzado la Insuperable, Perfecta, y Completa Iluminación de un Buda? ¡Oh, Bhagavan, por tanto yo tomo refugio en el Buda cuatro veces, cinco veces, diez veces, cincuenta veces, cien veces, varios cientos de miles de veces!”

Después de que hubiera hablado de esta manera el Venerable Ananda, el Bhagavan dijo: “Ananda, en el futuro habrá monjes que no han entrenado sus cuerpos, que no han entrenado sus mentes, que no han entrenado su conducta ni su conocimiento. Ignorantes y sin conocimientos, serán orgullosos y arrogantes, disipados y sin autocontrol, envidiosos, llenos de dudas, y carentes de fe. Ellos destacarán como mancillados en medio de los ascetas. Cuando lo oigan, ellos no creerán que la entrada pura del bodhisatva dentro del vientre de su madre fue perfectamente pura. Cuando estén reunidos, ellos se dirán unos a otros: “¡Escuchad todos, escuchad esta tontería! Supuestamente el bodhisatva entró dentro del vientre de su madre, donde él estaba en medio de fluidos impuros. Y sin embargo se dice que ha tenido grandes disfrutes. Además, se dice que cuando él nació, salió del lado derecho de su madre sin ser manchado por ninguna de las suciedades del vientre. ¿Pero cómo puede ser posible esto?”
Esos insensatos no entenderán que los cuerpos de aquellos que han realizado acciones excelentes, no han sido engendrados de fluidos impuros. Monjes, esos seres sublimes entran dentro del vientre de su madre y permanecen dentro de él de la mejor forma. [88] Los bodhisatvas nacen en el mundo de los humanos debido a su amor y compasión hacia los seres, puesto que los dioses no giran la rueda del Dharma. ¿Por qué esto es así? Ananda, es porque de otro modo los seres se desanimarían pensando: “El Bhagavan, el Tathagata, el Digno de Ofrendas[4], el Buda Perfecto y Completo es un dios; nosotros solo somos seres humanos, y por tanto somos incapaces de alcanzar ese estado.”
A esos seres insensatos, a esos ladrones del Dharma, no se les ocurrirá pensar: “Este ser es inconcebible, y nosotros somos incapaces de comprenderlo.” Ananda, esa gente del futuro tampoco creerá en los milagros del Buda, mucho menos en las manifestaciones del poder sobrenatural del bodhisatva como el bodhisatva Tathagata. Ananda, esos seres necios estarán deseosos de riquezas, respeto, y alabanzas. Se hundirán en la suciedad, y estarán dominados por su ansia de honores, de modo tal que estos seres insensatos abandonarán completamente las enseñanzas del Buda. ¡Considera cuanta cantidad de acciones negativas acumularán!”
Ananda dijo: “Bhagavan, ¿Realmente en el futuro habrá monjes que rechacen las enseñanzas de este Sutra excelente, y que incluso hablen contra él?”
Y el Bhagavan respondió: “Ananda, esos hombres aparecerán; no solo habrá hombres que rechazarán este Sutra y que hablarán contra él, sino que también habrá monjes que realizarán muchas acciones negativas, y que dejen de lado sus obligaciones como monjes.”
Entonces Ananda preguntó: “Bhagavan, ¿Cuál será el destino de esos hombre sin virtud? ¿Qué será de ellos en el futuro?”
El Bhagavan respondió: “Ellos compartirán el destino de aquellos que denigran la Iluminación del Buda, y de aquellos que insultan y difaman a los Budas, los Bhagavanes, del pasado, presente, y futuro.” [89]
Entonces el Venerable Ananda tembló y se le erizaron los cabellos, exclamando: “¡Homenaje al Buda!”; y dijo al Bhagavan: “¡Bhagavan, cuando oigo hablar de las conductas de esos hombres depravados, casi que me desmayo!”
Entonces el Bhagavan explicó: “Ananda, puesto que la conducta de esos hombres no es correcta, ellos sufrirán el destino de aquellos cuya conducta es inapropiada; ellos caerán en el gran infierno del Avici. ¿Y por qué esto? Ananda, hay algunos monjes, monjas, laicos, y laicas, que no se sienten inspirados cuando oyen Sutras como este. Ellos no creen en estos Sutras y los rechazan. Tan pronto como mueran, ellos serán arrojados dentro del gran infierno del Avici.
Ananda, uno nunca debería de intentar medir a los Tathagatas. ¿Por qué? Ananda, el Tathagata es inmensurable, profundo, vasto, y difícil de entender.
Ananda, cuando algunos seres oyen Sutras como este, se sienten alegres,  se deleitan, y llenan de fe. Tales seres obtendrán grandes beneficios. Sus vidas humanas serán significativas y fructíferas; su conducta es excelente  y ellos solo prestarán atención a aquello que es esencial. Evitarán los tres destinos desafortunados, y pronto llegarán a ser hijos del Tathagata, obteniendo aquello que desean. La adquisición de la fe será fructífera para ellos, y ellos compartirán apropiadamente lo producido por la tierra. Ellos creerán francamente en los seres nobles, y cortando las cadenas de los Maras, cruzarán  los desiertos de la existencia cíclica, y eliminarán las espinas del sufrimiento. Alcanzarán un lugar de alegría suprema, y tomarán refugio de forma genuina. Como objetos apropiados para la generosidad de otros, serán dignos de recibir ofrendas. Ananda, estos seres aparecen en el mundo raramente, y cuando están aquí son recipientes adecuados para la generosidad. ¿Por qué? Porque ellos tienen fe en las enseñanzas de los Tathagatas, las cuales no son acordes con las convenciones mundanas.
Ananda, esos seres no están manchados por la menor ausencia de virtud. [90]
Ananda, esos seres no son compañeros que hayan sido amigos míos solo durante unas pocas vidas. ¿Y por qué es esto? Algunos, Ananda, están complacidos y deleitados oyéndome, pero no me ven. Otros están complacidos y deleitados viéndome y oyéndome. Ananda, en cualquier caso, cuando los seres están complacidos y deleitados viéndome u oyéndome,  puedes estar seguro de que ellos son amigos que me han acompañado a lo largo de múltiples vidas. El Tathagata los ve, y el Tathagata los liberará, el Tathagata a quien ellos han ido a por refugio. Tienen las mismas cualidades que el Tathagata y han sido aceptados por el Tathagata.
Ananda, anteriormente, cuando yo practicaba la conducta del bodhisatva, yo di seguridad a quienes llegaron a mi presencia desesperados y acosados por el miedo, pidiendo protección para sus miedos. Por tanto, ahora que he  alcanzado la insuperable, perfecta, y completa budeidad, ciertamente haré lo mismo.
Ananda, esfuérzate en la fe; esto es a lo que te urge  el Tathagata. Ananda, todo lo que tú tienes que hacer lo ha hecho ya el Tathagata; y el Tathagata se ha sacado la espina del orgullo.
Ananda, si una persona está deseando viajar durante cientos de kilómetros solo para recibir noticias de un amigo, y se encuentra deleitado al oír esas noticias, entonces ¿Cómo se sentiría si realmente se encontrara con ese amigo? Quien confía en mí, y acumula raíces de virtud, será reconocido por los Tathagatas del futuro, los Budas perfectos y completos, quienes pensarán: “Estos seres son los viejos amigos de los Tathagatas. También son amigos nuestros.” Piensa así y tus deseos se verán colmados.
Ananda, considera un hombre que es fuerte y bien considerado, pero que tiene un solo hijo. Bien, si ese padre tiene muchos amigos, incluso aunque él muera, los amigos del padre lo aceptarán y no lo rechazarán. Ananda, de la misma forma, a quien tiene fe en mí, yo lo aceptaré como amigo. Tomará refugio en mí. El Tathagata tiene muchos amigos, y a esos amigos del Tathagata que dicen la verdad y no cuentan mentiras; yo los confío a los Tathagatas del futuro, los Arhats, los Budas perfectos y completos, de forma que ellos alcancen la Iluminación. Ananda, esfuérzate en la fe, esto es lo que yo recomiendo.”




[1] Tridasa.
[2] Plāksa.
[3] Suddhāvāsa.
[4] Arhat.

domingo, 31 de diciembre de 2017

Jataka nº 4 El tasador incompetente. (Tandulanali Jataka)

TANDULANĀLI  JATAKA.

“¿Sabe cuál es el valor de un montón[1] de arroz?” preguntó el Maestro mientras estaba en la Arboleda de Jeta, con respecto al Mayor Udāyi, llamado “el zoquete”.
En aquel tiempo, el Venerable Dabba, que pertenecía al clan de los Malla, era el administrador de los víveres de la comunidad. Cuando a primera hora de la mañana el Venerable Dabba estaba inspeccionando el arroz asignado, a veces era seleccionado un buen arroz, pero otras veces era de una calidad inferior y caía en la parte que le correspondía al Mayor Udāyi.
Los días en los que le tocaba el arroz de calidad inferior, solía crear revuelo en el lugar de examen, diciendo: “¿Acaso es solo Dabba el único que sabe examinar el arroz? ¿Es que no sabemos nosotros?” Un día, cuando estaba agitando, ellos cogieron el cesto de seleccionar, se lo dieron, y dijeron: “Ten, aquí tienes. De hoy en adelante serás tú quien elija.” Por consiguiente, fue Udāyi quien ese día escogió el arroz para la comunidad. Pero, en su distribución, no sabía diferenciar el arroz superior del más inferior; ni tampoco sabía para qué jerarquía estaba asignado el mejor arroz, y para cual el inferior. Así que cuando estaba haciendo la lista, no tenía idea de cuál era la jerarquía dentro de la comunidad. Consecuentemente, cuando los miembros de la comunidad ocuparon sus lugares, el hizo una marca en el suelo o en el muro para marcar el tamaño de un grupo y del otro. Al día siguiente, en la sala había menos miembros de la comunidad de un grupo, y más del otro. Donde eran menos, la marca estaba muy por debajo; y donde eran más la marca estaba muy por encima. Pero Udāyi, completamente ignorante de las categorías, distribuyó la comida de acuerdo a las marcas que había hecho previamente.
Entonces los miembros de la comunidad le dijeron: “Amigo Udāyi, la marca es demasiado alta o demasiado baja. El mejor arroz es para aquellos de tal y tal jerarquía; y el inferior para aquellos y aquellos.”Pero él lo rechazó con el siguiente argumento: “Si esta marca está donde está, ¿Qué hacéis vosotros ahí? ¿Por qué voy a creeros? ¡Solo confío en mi señalización!”
Entonces los niños y los novicios [124] lo sacaron a empujones de la sala de selección gritando: “Amigo Udāyi, zoquete, cuando tú distribuyes, los miembros de la comunidad reciben menos de lo que deberían de recibir; tú no estás capacitado para distribuir, así que mejor te vas de aquí.” Y entonces se levantó un gran alboroto de la sala de distribución.

Oyendo el ruido, el Maestro preguntó a Ananda, diciendo: “Ananda, hay un gran alboroto en la sala de distribución. ¿A qué se debe?”
Entonces, Ananda se lo explicó todo al Buda. Este dijo: “Ananda, esta no es la primera vez en la que Udāyi, con su estupidez, a robado a otros su beneficio. El hizo lo mismo hace mucho, mucho tiempo.”
Entonces el Mayor Ananda, pidió una explicación al Bhagavan, y el Bhagavan dejó claro que tenía que ver con el renacimiento.


Cierta vez, cuando Brahmadatta estaba reinando en Benarés, en Kasi, en aquel tiempo el bodhisatva era un tasador. El solía tasar caballos, elefantes, y similares; también joyas, oro, y similares; y solía pagar a los propietarios de los bienes el precio adecuado, conforme a como él lo había fijado en su tasación.
Pero el rey era codicioso, y su codicia le sugirió el siguiente pensamiento: “Con un tasador con este estilo para tasar, pronto se agotarán todas las riquezas que hay en mi casa. Tengo que conseguir otro tasador.” Abriendo la ventana de su palacio, y mirando al patio, vio que por el cruzaba andando un hombre estúpido y codicioso que le pareció un candidato adecuado para el puesto. Así que el rey ordenó que fueran a buscarlo, y una vez ante él le preguntó si sería capaz de desempeñar el puesto. El hombre dijo: “¡Oh, sí!”; y de este modo, para salvaguardar el tesoro real, esta persona estúpida fue nombrada tasador. Después de esto, esta persona necia, a la hora de valorar elefantes, caballos y demás, solía fijar un precio fijo dictado por su propio antojo, negando su verdadero valor; pero puesto que él era el tasador, el precio era el que él había determinado, y no ningún otro.

En aquel tiempo llegó a la ciudad un proveedor de  caballos que venía del norte del país, con 500 caballos. El rey envió a buscar a su nuevo tasador, y le mandó que tasara los caballos. Y el precio que estableció para los 500 caballos en su conjunto fue el de una sola medida de arroz, la cual ordenó que fuera pagada al proveedor, y ordenando que los caballos fueran llevados a los establos. [125] El vendedor se dirigió a casa del antiguo tasador, a quien le contó lo que había sucedido, y le preguntó qué podía hacerse.
El antiguo tasador dijo: “Dale un soborno, y plantéale esto: “Sabiendo como sabemos que nuestros caballos valen una sola medida de arroz, nosotros sentimos la curiosidad de saber de boca tuya cuál es valor preciso de una medida de arroz, ¿Podrías establecer su valor en presencia del rey?” Si te dice que si puede, entonces llévalo ante el rey, y yo también estaré allí.”
Siguiendo rápidamente el consejo del bodhisatva, el proveedor de caballos sobornó al tasador, y le planteó la pregunta. El otro, tras haber expresado su habilidad para determinar el valor de una medida de arroz, fue conducido rápidamente al palacio, a donde también había acudido el bodhisatva, y también muchos ministros.
Con la obediencia debida, el proveedor de caballos dijo: “Señor, yo no discuto que el precio de 500 caballos sea una sola medida de arroz; pero quisiera pedirle a su majestad que le preguntara a su tasador cuál es el valor preciso de esa medida de arroz.”
El rey, ignorante de lo que había sucedido, dijo al sujeto: “Tasador, ¿Cuál es el valor de 500 caballos?”
La contestación fue: “Una medida de arroz, Señor.”
El rey dijo: “Muy bien, amigo mío. Si 500 caballos son el valor de una medida de arroz, ¿Cuál es el valor de esa medida de arroz?”
El necio respondió: “Es el valor de todo Benarés, con sus suburbios.”
Así podemos saber que, tras haber valorado primero 500 caballos en una medida de arroz, para complacer al rey; después fue sobornado por el proveedor de caballos para que determinara que el valor de esa medida de arroz era el de toda la ciudad de Benarés, junto con sus suburbios, ¡Y eso aunque la longitud de las murallas de Benarés era de doce leguas, mientras que la ciudad y sus suburbios tenían tres leguas de perímetro!¡Y no obstante el necio valoró toda esta vasta ciudad y sus suburbios en una sola medida de arroz!

[126] Después de oír esto, los ministros aplaudían y reían alegremente, mientras decían en burla: “Nosotros solíamos pensar que el valor de la tierra y del reino estaba más allá de cualquier precio, ¡Pero ahora sabemos que el valor de todo el reino de Benarés, junto con su rey, es solo una única medida de arroz! ¡Qué talento tiene el tasador! ¿Pero, cómo puede haber retenido su puesto durante tanto tiempo? Pero realmente, nuestro tasador complace a nuestro rey admirablemente.”

Entonces el bodhisatva repitió esta estrofa:
“Alguien pregunta cuánto vale una medida de arroz.
¿Por qué? Porque valiendo todo Benarés, lo de dentro y fuera;
Resulta extraño decir que también 500 caballos
Son precisamente el valor de esa misma medida de arroz.”

Esto hizo que sintiera vergüenza, y entonces el rey despidió al necio, reponiendo de nuevo al bodhisatva en el puesto. Y cuando el tiempo de su vida se agotó, el bodhisatva murió para recibir de acuerdo a sus méritos.




[1] Una medida de volumen equivalente a 9,087 litros. 

jueves, 28 de diciembre de 2017

Sutra del Desarrollo de la actividad completa. (Lalitavistara) Capítulo Seis: El descenso dentro del vientre.

Monjes, había pasado la estación fría y era el tercer mes de primavera. Era la más hermosa de las estaciones, cuando las hojas nuevas de color verde adornan los árboles, y cuando la tierra está cubierta de flores. La hierba tierna y verde cubría los campos, el aire no era ni demasiado frio, ni demasiado cálido; y no había niebla, ni tampoco polvo suspendido en el aire. Era el mes de Visakha, cuando la Luna entra en la constelación de Visakha.
El bodhisatva, el Señor de los Tres Reinos, [55] quien es venerado por los Tres Reinos, juzgó que ahora había llegado el momento. En el momento apropiado, en el quinceavo día del mes lunar, durante la Luna llena y en conjunción con la constelación de Pusya, el bodhisatva descendió desde el Cielo de Tushita y, manteniendo una memoria y sabiduría completa, entró dentro del vientre de su madre, quien estaba observando los preceptos de posadha.
El entró a través del lado derecho de ella bajo la forma de un pequeño elefante blanco con seis colmillos, con su cabeza de color del cochinel[1], y sus colmillos de color del oro. Tenía todos sus miembros y facultades perfectos y sin falta. Tras haber entrado en el vientre, siempre permaneció en el lado derecho, sin desplazarse nunca al lado izquierdo. La reina Māyā estaba durmiendo plácidamente en su lecho, y en su sueño vio lo siguiente:

Un elefante entró en su vientre. Era blanco como la nieve o plateado,
Con seis colmillos perfectos, unas patas hermosas, con una trompa excelente,
Y la cabeza de color rosado, era el más bello de los elefantes,
Con un paso grácil, inalterable como un diamante.

Completamente absorta en la contemplación,
Nunca había sentido una felicidad semejante;
Ella nunca había sentido tal placer
Tanto físico como mental.

Cuando despertó y se levantó de su cama, se adornó con ornamentos y ropas holgadas, y el profundo deleite y bienestar del sueño aún permanecía. Rodeada y precedida por sus asistentes femeninas, ella descendió de las habitaciones superiores del más hermoso de los palacios, y se dirigió hacia el bosque de árboles asoka, donde se sintió a gusto. Una vez allí envió un mensaje al Rey Suddhodana: “Su majestad, que pueda el rey atenderme, por favor, la reina desea verlo.”

Cuando el Rey Suddhodana oyó estas palabras, se levantó de su trono lleno de alegría, y rodeado y precedido por sus ministros y consejeros, acompañando por su séquito y parientes, se encaminó hacia el bosque de árboles asoka. Sin embargo, cuando llegó allí, su cuerpo comenzó a sentirse pesado, y se dio cuenta de que era incapaz de entrar en el bosque. A la entrada del bosque de árboles asoka, reflexionó durante un instante, y pronunció estos versos:

“No recuerdo que nunca sintiera mi cuerpo tan pesado como hoy, [56]
Ni siquiera cuando cabalgué a la batalla al frente de hombres valientes,
¡Ahora soy incapaz de entrar en donde está mi propia familia!
¿Alguien puede decirme que está sucediendo?”

Al oír estas palabras, algunos de los dioses de las moradas puras que estaban en el medio del cielo, hicieron visible la parte superior de sus cuerpos, y dirigieron estos versos al Rey Suddhodana:

“Su majestad, el gran bodhisatva, el gran ser, ha descendido del Cielo de Tushita;
Es rico en austeridades, en práctica espiritual, y en virtud.
El es digno de recibir el homenaje de los tres mil mundos;
Es amoroso y compasivo, iniciado por su mérito y sabiduría.
¡Oh, gran rey! El ha abandonado el Cielo de Tushita,
Y ha entrado en el vientre de la reina Māyā, como hijo tuyo.”

Entonces, juntando sus manos y postrando su cabeza,
El rey se dirigió hacia el bosque, lleno de reverencia y asombro.
Mirando a Māyādevī, sin rastro de orgullo o arrogancia,
Preguntó: “¿Qué puedo hacer por ti? Por favor, dímelo.”

La reina dijo:

“Un elefante agradable y bello, blanco como la nieve o la plata,
Más brillante que el Sol y la Luna, bien proporcionado,
Con unas patas hermosas, seis grandes colmillos, y unas cuerpo como el diamante,
Ha entrado en mi vientre. Por favor, escucha esta historia.

Mientras soñaba, yo vi el universo de tres mil mundos claramente iluminado,
Mientras diez millones de dioses me estaban alabando.
Yo no sentía enfado, agresividad, odio, o confusión:
Mi mente estaba en paz, disfrutando del gozo de la concentración. [57]

Sería bueno, ¡Oh Maestro de los Hombres!,
Que convocarás rápidamente a los brahmines especializados
En los tratados védicos sobre los sueños, para ver si es verdadero;
Y para averiguar si es un presagio bueno o malo para nuestra familia.

Tras escuchar estas palabras, instantáneamente el rey convocó a los brahmines expertos en los Vedas y en sus tratados. Cuando llegaron ante la reina Māyā, ella dijo:

“Escuchad mi relato, esto es lo que yo soñé.”

Los brahmines replicaron: “Su majestad, hable, por favor. Cuando escuchemos lo que ha visto en el sueño, nosotros lo explicaremos.”

Entonces la reina dijo:

“Un elefante agradable y bello, blanco como la nieve o la plata,
Más brillante que el Sol y la Luna, bien proporcionado,
Con unas patas hermosas, seis grandes colmillos, y cuerpo como el diamante;
Entró en mi vientre.”

Cuando escucharon estas palabras, los brahmines predijeron:
“Obtendréis una gran alegría; no hay ningún augurio de infelicidad en ese sueño.
De ti nacerá un hijo cuyo cuerpo estará adornado con las marcas,
El pertenecerá al linaje de los reyes, un gran monarca universal girando la rueda;

Si renuncia a sus placeres, su reino, y su palacio,
Y adopta la vida de un monje, libre de apego, lleno de compasión y de amor hacia el mundo,
Llegará a ser un Buda digno de recibir las ofrendas de los Tres Reinos.
El satisfará el mundo con el sabor supremo del néctar de la inmortalidad.” [58]

Tras haber hecho esta predicción positiva,
Los brahmines comieron en palacio,
Y tras recibir muchos regalos,
Partieron de allí.

Monjes, tan pronto como el Rey Suddhodana oyó la respuesta de los brahmines, quienes conocían los signos y los presagios, quienes son conocedores de las marcas y signos, y del significado de los sueños, se llenó de contentamiento y de placer, de alegría y deleite. Para complacer a los brahmines, el les sirvió platos delicados, bien preparados y sabrosos; y antes de despedirse de ellos, los colmó de regalos.
Al mismo tiempo, fueron distribuidas limosnas en las cuatro puertas de la ciudad de Kapilavastu, y en todos los cruces de carretera y en las plazas públicas, con la intención de rendir homenaje al bodhisatva. Dio comida a quienes deseaban comida, bebida a quienes deseaban bebida, ropa a aquellos que querían ropa, carretas a quienes deseaban transporte, dio perfumes a quienes querían perfumes, guirnaldas a quienes deseaban guirnaldas, aceites a quienes deseaban ungüentos, sábanas a quienes querían ropas para la cama, dio cobijo a quienes no tenían hogar, y todo lo necesario a quienes demandaban provisiones.
Monjes, entonces el Rey Suddhodana consideró: “¿Dónde podría residir Māyādevī para que fuera feliz y no sufriera perturbaciones?”

En ese mismo instante, los Cuatro Grandes Reyes se aproximaron al Rey Suddhodana, y dijeron: “Su Majestad, no os preocupéis; permaneced feliz en la ecuanimidad. Nosotros haremos un palacio para el bodhisatva.”

Entonces Sakra, el jefe de los dioses, se aproximó al Rey Suddhodana, y le dijo:
“El palacio preparado por los Cuatro Grandes Reyes es un lugar pobre;
Es mucho mejor el palacio del Cielo de los Treinta y Tres;
Yo daré al bodhisatva un palacio como el de Vaijayanta.

Entonces Suyāma, un hijo de los dioses del Cielo de Yāma se aproximó al Rey Suddhodana, y le dijo:
“Viendo mi palacio, diez millones de Sakras
Quedaron maravillados de admiración. `59]
Yo daré al bodhisatva
Esta afortunada morada de Suyāma.”

Entonces Santusita, un hijo de los dioses del Cielo de Tushita se aproximó al Rey Suddhodana, y le dijo:
“Anteriormente, este ser afamado
Habitaba en un palacio espléndido
Cuando moraba en el Cielo de Tushita.
Yo le ofreceré ese mismo palacio al bodhisatva.”

Entonces Sunirmita, un hijo de los dioses del Cielo de Nirmita se aproximó al Rey Suddhodana, y le dijo:
“Rey, yo ofreceré al bodhisatva
Un palacio creado mentalmente
Que está hecho de joyas,
Como un acto de homenaje.”

Entonces, un hijo de los dioses del Cielo de Parinirmita vasavartin se aproximó al Rey Suddhodana, y dijo:
“El resplandor de mi mansión
Eclipsa la luz y el color
De cualquier palacio existente
En todo el Reino del Deseo.

Así que permíteme que yo de esta mansión gloriosa
Como una ofrenda al bodhisatva.
Su Majestad, yo traeré
Mi bello palacio hecho de joyas.

En él están esparcidas flores preciosas,
Y con la fragancia de los perfumes divinos;
Yo ofreceré ese espacioso palacio,
Allí puede quedarse la reina.”

Monjes, de esta forma cada uno de los dioses eminentes del Reino del Deseo, individualmente ofreció sus respectivas residencias  como obsequio al bodhisatva, precisamente allí, en la bella ciudad de Kapilavastu. El Rey Suddhodana también había dispuesto una mansión magnífica; esta superaba con mucho a cualquier otra vivienda construida por humanos, aunque no podía compararse con los palacios celestiales. Sin embargo, debido al poder de la concentración del bodhisatva, Māyādevī parecía estar residiendo en cada uno de esos palacios.
El bodhisatva, durante el periodo en el que permaneció en el vientre de la reina Māyā, permaneció en el lado derecho del vientre, sentado manteniendo la postura de piernas cruzadas. [60] En suma, todos los más destacados de entre los dioses creyeron que la madre del bodhisatva estaba residiendo en el palacio que ellos habían donado, y no en ningún otro.
Con respecto a esto, se dijo:
“Mientras el bodhisatva permaneció en la gran concentración,
A través de sus inconcebibles poderes milagrosos,
Todos los dioses vieron sus deseos plenamente satisfechos.
Y también el Rey Suddhodana vio colmados sus deseos.”

Entonces, en aquella asamblea, algunos hijos de los dioses comenzaron a preguntarse: “Incluso los dioses del Cielo de los Cuatro Grandes Reyes dan la vuelta cuando se aproximan cerca de los humanos, repelidos por su olor. ¿Cómo podrían soportarlo los dioses de otros cielos superiores, los de los Cielos de los Treinta y Tres, de los Cielos Libres de Conflicto, o del Cielo de Tushita? ¿Cómo puede el bodhisatva puro, quien está libre de los malos olores, quien es superior al mundo entero, quien es una joya entre los seres, descender desde el Cielo de Tushita, y permanecer durante diez meses lunares dentro del vientre de su madre, en un cuerpo maloliente?

Entonces, en aquel tiempo, por el poder del Buda, el Venerable Ananda preguntó al Bhagavan: “¡Oh, Bhagavan! El Tathagata ha enseñado que el cuerpo de la mujer es impuro, y que es propensa al deseo. Es asombroso. Pero aún resulta más asombroso que tú, cuando eras un bodhisatva, hayas descendido del Cielo de Tushita, y hayas entrado en el vientre de tu madre, permaneciendo dentro de un cuerpo humano, en el lado derecho del vientre. ¡Bhagavan, tú has dicho como ha sucedido todo, y sin embargo me resulta increíble!”
El Bhagavan respondió: “Ananda, ¿Te gustaría ver el Ratnavyhūa, la morada de joyas en el que residía el bodhisatva cuando entró dentro del vientre de su madre?”
Ananda dijo: “Bhagavan, seguramente este es el momento. Sugata, seguramente este es el momento adecuado. Que pueda el Tathagata mostrarnos como era la mansión del bodhisatva. ¡Cómo nos gustaría ser testigos de ello!”

Entonces el Bhagavan hizo un gesto, y Brahma el Señor del Mundo de Sahā, vino ante la presencia del Bhagavan acompañado por 6,8 millones de dioses del Cielo de Brahma. Todos ellos aparecieron ante el Bhagavan, y se postraron a los pies del Bhagavan, y lo circunvalaron tres veces. Después, Brahma, con las palmas de las manos juntas, se postró ante el Bhagavan, y se sentó a un lado.

Entonces el Bhagavan dijo a Brahma, el Señor del Mundo de Sahā: “Brahma, previamente, ¿Tú llevaste el palacio en cual yo residí durante diez meses como un bodhisatva en el vientre de mi madre?”
Y Brahma respondió: “Así es Bhagavan, así es Sugata.”
El Bhagavan dijo: “Bien Brahma, ¿Dónde está ahora?”
Brahma respondió: “Está en el Cielo de Brahma.”
Entonces el Bhagavan dijo: “Brahma, en ese caso, muestra el Ratnavyhūa, la morada del bodhisatva mientras estuvo dentro del vientre durante diez meses, para que puedan saber cómo está construido.”

Entonces Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, se dirigió a los dioses del Cielo de Brahma, diciendo: “Por favor, esperad aquí hasta que yo traiga la mansión que deleitaba al bodhisatva.”
Entonces Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, postró su cabeza a los pies del Bhagavan, antes de desaparecer de su presencia, alcanzando en un instante el Cielo de Brahma. Allí él pronunció estas palabras a Subrahmā, el hijo de los dioses: “Amigo, ve desde este Cielo de Brahma al Cielo de los Treinta y Tres, eleva tu voz y que sean oídas estas palabras: “Nosotros llevaremos el Ratnavyhūa ante la presencia del Tathagata. Quien desee verlo que se aproxime rápidamente.”
Entonces Brahma, el Señor del mundo de Sahā, junto con los 84 trillones de dioses, cogieron la morada hecha de joyas, y la colocaron en lo alto de un gran palacio de Brahma, que tenía trescientas leguas de alto. Rodeado por todos estos trillones de dioses, descendió con la mansión a Jambudvipa[2]. [62]

En aquel tiempo había una gran cantidad de dioses del Reino del Deseo reunidos con la intención de servir al Bhagavan. Ellos cubrieron el Ratnavyhūa con tejidos celestiales y lo adornaron con guirnaldas, incienso divino, y flores. Además sonaba música celestial, y había otros tipos de divertimentos celestiales, mientras que dioses famosos por su gran poder rodeaban la morada sagrada.
Sakra, el jefe de los dioses, que en aquel momento se encontraba a gran distancia del lugar, sobre el gran Monte Sumeru, en medio del océano, colocó su mano para dar sombra a su cara. Se vio obligado a girar hacia un lado su cabeza, incapaz de ver nada, con los ojos cegados. ¿Por qué sucedía esto? Los dioses del Cielo de Brahma son conocidos por su gran poder, en cambio el de los dioses de los Cielos de Los Treinta y Tres, de los Yamas, de Nirmita, y de Parinirmita vasavartin era inferior. Si Sakra, el jefe de los dioses, estaba confuso, ¿Cuánto más lo estarían los otros?

Entonces el Bhagavan hizo que la música celestial cesase, puesto que de oírla, los hombres de Jambudvipa se volverían locos.
Los dioses del Cielo de los Cuatro Grandes Reyes se acercaron a Sakra, el jefe de los dioses, y le preguntaron: “Señor de los Dioses, ¿Cómo puede ser que no veamos la mansión enjoyada que deleitaba al bodhisatva?”
Y Sakra contestó: “Amigos, al igual que vosotros, soy incapaz de verla. Sin embargo, amigos, cuando sea traída en presencia del Bhagavan, la veremos.”
Ellos replicaron: “Señor de los Dioses, ¡Nosotros haremos todo lo necesario para verla, y lo haremos tan pronto como podamos!”
Sakra les dijo: “Amigos, esperemos hasta que el más eminente de los hijos de los dioses deleite al Bhagavan con sus palabras.” Así que se sentaron a un lado, y girando sus cabezas, miraron atentamente hacia el Bhagavan. [63] Súbitamente, Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, llegó junto con los 84 trillones de dioses, portando el Ratnavyhūa, la morada enjoyada del bodhisatva, para ofrecérsela al Tathagata.
La morada enjoyada del bodhisatva tenía una forma hermosa, era brillante y agradable de contemplar. Tenía cuatro lados, y descansaba sobre cuatro pilares. En la parte alta había un piso bellamente adornado del tamaño adecuado para un feto de seis meses, y en el medio de este piso había un trono del tamaño adecuado para un feto de seis meses.
En todas las partes del mundo, incluyendo los cielos de los dioses del reino del Deseo y el de los dioses de Brahma, los ojos de los dioses quedaban deslumbrados, y se sentían admirados al verlo. Cuando fue colocado ante el Bhagavan, era brillante, resplandeciente, e irradiaba calor. Esta morada enjoyada brillaba como el oro puro refinado por un orfebre experto, completamente puro y libre de todo defecto o mancha.
No había nada en los reinos celestiales y humanos que pudiera compararse en tamaño y forma al trono que había dentro de la morada que había deleitado al bodhisatva, excepto quizá el cuello del bodhisatva, el cual semejaba una concha en cuanto a forma y color.
Incluso las ropas vestidas por el gran Brahma perdían su belleza frente al trono del bodhisatva, haciendo que parecieran la piel de una gacela negra cuando es golpeada por el viento y la lluvia. Este piso está hecho de la esencia de sándalo uraga, de forma tal que una simple mota de este polvo de sándalo es igual al valor de mil universos. Además, estaba rodeado por los cuatro lados por bosques de sándalo uraga.
Un segundo piso exactamente igual está situado en la parte baja del piso, sin tocarlo. En el segundo piso hay un tercer nivel hecho de madera de sándalo, [64] exactamente igual, y en este tercer piso se encuentra un trono con cojines, del color del lapislázuli. Cubriendo este piso de sándalo hay hermosas flores, las cuales sobrepasan en belleza a todas las flores celestiales y terrenales, nacidas de la maduración del mérito acumulado previamente por el bodhisatva.
El Ratnavyhūa, la morada de joyas del bodhisatva, es sólido e indestructible como un diamante, y sin embargo es tan suave al tacto como una prenda de paño de kācalindi. Además, en la morada de joyas del bodhisatva se reflejaba todo lo que podía ser encontrado en los cielos del Reino del Deseo.

La noche en la que el bodhisatva entró en el vientre de su madre, desde las grandes profundidades del mar, y desde una profundidad sesenta y ocho millones de leguas, se elevó un loto hasta llegar al Cielo de Brahma, el cual solo pudo ser visto por el mejor de los hombres y por el gran Brahma, quien domina miles de poderes. Reunido dentro del gran loto, y bajo la forma de una gota de néctar, estaba la esencia, la quintaesencia, de las substancias elementales del macrocosmos de tres millones de mundos. El gran Brahma, colocando esa gota dentro de un brillante vaso de lapislázuli, se la ofreció al bodhisatva. Lleno afecto hacia el gran Brahma, el bodhisatva cogió el vaso y bebió de él. Excepto un bodhisatva que está en su última existencia, y que ha realizado todos los niveles del bodhisatva, no existe nadie entre toda la multitud de los seres que sea capaz de digerir esa gota de elixir.

¿Cuáles fueron las maduraciones de las acciones previas que posibilitaron que el bodhisatva pudiera digerir esa gota de elixir? Durante los eones en los que el bodhisatva estaba practicando, él había dado medicinas a los enfermos, había dado esperanza a los seres, había satisfecho los deseos de sus corazones, y había dado refugio a quienes necesitaban refugio. El siempre había ofrecido las primeras flores, los primeros frutos, y el primer bocado de comida al Tathagata, a las caityas[3] de los Tathagatas, a las asambleas de los Oyentes, y a sus padres. Solo después de esto disfrutaba lo disfrutaba él. Debido a la maduración de esas acciones, el gran Brahma ofrece esta gota de néctar al bodhisatva.

Dentro del Ratnavyhūa aparece todo lo que es lo mejor, todas las cosas agradables, y cuerdas de guirnaldas, todo ello apareciendo debido a la maduración completa de las acciones del bodhisatva. En el Ratnavyhūa, la morada enjoyada del bodhisatva, también apareció un surtido de prendas, que era llamada el ornamento de cien mil[4]. Aparte de un bodhisatva en su última existencia, nadie entre todas las multitudes de los seres es capaz de recibir esas prendas. De hecho, todas las formas sublimes y perfectas, todos los sonidos, olores, sabores, y texturas estaban presentes dentro de esa morada puntiaguda.
De este modo, la morada que complacía al bodhisatva estaba tan bien construida que era igual por dentro y por fuera, tan suave al tacto como una prenda hecha con tejido de kācalindi. Una vez que ha sido visto, nada puede compararse con este Ratnavyhūa.

Debido a las oraciones de aspiración hechas previamente por el bodhisatva, sus intenciones se hicieron realidad. Es cierto que un bodhisatva, un gran ser, nacerá en el mundo de los hombres; que tras abandonar su hogar se llegará a convertir en un Buda completo, y que girará la Rueda del Dharma.

El Ratnavyhūa se manifiesta en el lado derecho del vientre de su madre, donde el bodhisatva hace su entrada, tras haber descendido del Cielo de Tushita; allí permanece sentado con las piernas cruzadas, con todos sus miembros, órganos, y características completamente formadas, y también con los signos de un gran hombre, debido a que el bodhisatva en su última existencia está libre de los cuatro estados [66] de desarrollo de un embrión. Y por eso la madre del bodhisatva, Māyādevī, en un sueño, vio venir a ella al más excelente de los elefantes.

Ahora, Sakra, el jefe de los dioses, los Cuatro Grandes Reyes, los veintiocho comandantes del ejército de los yakshas, y Guhyakādhipati, el maestro de los guhyakas, que son la clase de yaksha a la que pertenece Vajrapāni, tras haber tenido noticia de que el bodhisatva había entrado en el vientre de su madre, permanecieron constantemente a su servicio. También aparecieron cuatro diosas para servir al bodhisatva, sus nombres eran: Utkhalī, Sumutkhalī, Dhvajavatī, y Prabhāvatī. Ellas, sabiendo que el bodhisatva había entrado dentro del vientre de su madre, se quedaron para guardarlo siempre e incesantemente. También Sakra, el jefe de los dioses, junto con quinientos hijos de los dioses, sabiendo que el bodhisatva había entrado dentro del vientre de su madre, lo sirvieron siempre e incesantemente.

El cuerpo del bodhisatva que ha entrado en el vientre de su madre desarrolla ciertas características. Por ejemplo, es como una gran masa de fuego en la cumbre de una montaña, en una noche oscura y tenebrosa; es visible desde una distancia de una yojana[5], e incluso desde cinco yojanas. Así se manifestó el bodhisatva cuando entró en el vientre de su madre: luminoso, glorioso, lleno de gracia, hermoso de ver, sentado con las piernas cruzadas dentro del suelo del Ratnavyhūa, relucía como el oro puro con incrustaciones de lapislázuli. Y la madre del bodhisatva también pudo verlo dentro de su vientre.
Del mismo modo en que un relámpago ilumina todo cuando surge de una gran masa de nubes, así el bodhisatva mientras residía dentro del vientre de su madre también iluminaba completamente el primer piso de la morada hecha de joyas, a través de su esplendor, brillo, y color. Cuando esta fue iluminada, el iluminó el piso del medio de la fragante morada. Cuando el segundo piso [67] de la fragante morada fue iluminado, la luz fue más lejos e iluminó el tercer piso de la fragante morada. Entonces, puesto que el tercer nivel de la fragante morada estaba bañado en luz, todo el cuerpo de su madre también quedó lleno de luz. Entonces la luz fue más allá e iluminó el asiento en el que estaba sentada su madre. Gradualmente, la luz se fue difundiendo, y todo el palacio se iluminó. Cuando todo el palacio estaba bañado de luz, rayos de luz surgieron de él e iluminaron las regiones del este, del sur, del oeste, del norte, del zenit y del nadir, en cada una de las diez direcciones hasta llegar a una distancia de una krosa[6]. Esto hizo el bodhisatva cuando entró dentro del vientre de su madre, iluminando todo con majestad, esplendor, y color.

Monjes, a primera hora de la mañana, llegaron allí los Cuatro Grandes Reyes, junto con los veintiocho comandantes del ejército de los yakshas, y otros quinientos yakshas para reunirse con el bodhisatva, alabarle, servirle, y escuchar el Dharma. Cuando llegaron, el bodhisatva que era sabedor de su llegada, extendió su mano derecha y apuntó hacia sus asientos. Sentándose en los asientos que estaban preparados para ellos, estos guardianes del mundo y los otros percibieron al bodhisatva, que estaba en el vientre de su madre, bajo la forma de un niño que ya había nacido, con un cuerpo del color del oro, que movía su mano y la mecía, haciendo gestos. Tras ver esto, se postraron ante el bodhisatva, y quedaron llenos de alegría, deleite, y bienestar.  

Cuando el bodhisatva vio que ya estaban sentados, les ofreció una enseñanza de Dharma, y se aseguró de que fuera entendida por ellos, de que los hubiera inspirado, y de que los hubiera llenado de alegría. Cuando en ellos surgió el deseo de partir, el bodhisatva, que era conocedor de sus pensamientos, extendió su mano derecha como signo de despedida, extendiendo y retrayendo su mano sin que ello causara la menor molestia a su madre. Los Cuatro Grandes Reyes entendieron el signo de despedida, y pensaron: “Hemos sido despedidos por el bodhisatva.” [68] Entonces ellos circunvalaron al bodhisatva y a su madre por tres veces, antes de partir. Estas son las causas, y son las circunstancias por las que el bodhisatva extendía su mano derecha, y entonces la retraía, durante la calma de la noche cuando todos estaban durmiendo. Y una vez que retrajo su mano, la mantuvo quieta, con una gran atención mental y cuidado.

Cualquier hombre o mujer, mozos o doncellas, que se aproximara a ver al bodhisatva, todos ellos se llenaban de alegría, primero ocasionada por el bodhisatva, y después por su madre.
¡Oh, monjes! Durante el tiempo en el que el bodhisatva moraba en el vientre de su madre, él dio placer a todos los seres. Ningún ser, fuera dios, naga, yaksha, humano o no humano, pudo darle placer primero al bodhisatva; sino que era el bodhisatva el primero en deleitarlos, y después era la madre del bodhisatva quien los llenaba de alegría.

Ya había pasado la mañana, y había llegado el medio día cuando Sakra, el jefe de los dioses, junto con los más eminentes hijos de los dioses del Cielo de los Treinta y Tres, se aproximaron al bodhisatva para rendirle homenaje, servirlo, y para escuchar el Dharma. El bodhisatva, viéndolos llegar desde la distancia, extendió su mano derecha del color el oro, y con un gesto les mostró sus asientos. Por hacer eso, Sakra, el jefe de los dioses, y los dioses del Cielo de los Treinta y Tres se llenaron de tal alegría que incluso Sakra, fue incapaz de declinar la invitación del bodhisatva; entonces él, junto con los demás hijos de los dioses, se sentaron en los asientos preparados para ellos.
Una vez sentados, el bodhisatva les enseñó el Dharma, los ayudó a entenderlo, los inspiró, y los llenó de alegría. E incluso la madre del bodhisatva se giraba hacia el lado hacia el que el bodhisatva estaba extendiendo su mano.
A cada uno de los dioses le parecía que el bodhisatva estaba conversando agradablemente con él. Cada uno de ellos se decía: “¡Es conmigo con quien el bodhisatva está hablando; es solo conmigo con quien está conversando tan alegremente!”
Además, en ese piso del Ratnavyhūa se veían reflejadas las imágenes  de Indra[7] y de los dioses de los Treinta y Tres; ciertamente no hay ningún otro dominio de un bodhisatva igual al del bodhisatva que ha entrado en el vientre de su madre.
Y monjes, cuando Sakra, el jefe de los dioses, y los otros hijos de los dioses desean partir, el bodhisatva que era conocedor de sus pensamientos, hizo un gesto con su mano derecha, y entonces la recogió. Sin embargo, con gran atención y cuidado, no causó molestia a su madre.
En aquel instante, Sakra, el jefe de los dioses, y los otros hijos de los dioses del Cielo de los Treinta y Tres, se dieron cuenta de que su deseo de partir había sido conocido, y que habían sido despedidos por el bodhisatva. [69]Tras circunvalar al bodhisatva y a su madre por tres veces, partieron.

¡Oh, monjes! Ya había pasado el medio día y la tarde había llegado, cuando Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, rodeado y precedido por varios cientos de miles de dioses, se aproximó al bodhisatva portando la gota divina de elixir. Venían para presentarle sus respetos, para rendirle homenaje, servirlo, y oír el Dharma.

¡Oh, monjes! Conociendo que Brahma, el Señor del mundo de Sahā, se estaba aproximando con su séquito, el bodhisatva volvió a extender su mano derecha. Llenó de alegría a los dioses, y les señaló sus asientos. Para Brahma, ¡oh, monjes!, era imposible declinar la invitación del bodhisatva. [70] Monjes, Brahma se sentó junto con los dioses del Cielo de Brahma en los asientos que estaban preparados para ellos. Tan pronto como estuvieron sentados, el bodhisatva los instruyó enseñándoles el Dharma, los ayudó a entenderlo, los inspiró, y llenó de alegría. Y Māyādevī también se giró hacia el lado en que el bodhisatva había extendido su mano derecha.

Entonces los dioses pensaron: “El bodhisatva está teniendo una conversación grata con nosotros.”Y cada uno de ellos pensó: “El bodhisatva está hablándome directamente; solo dirige esta cálida bienvenida a mí.”
Monjes, cuando Brahma, el Señor del Mundo de Sahā, y los demás dioses del Cielo de Brahma quisieron partir, el bodhisatva que conocía perfectamente sus deseos de marcharse, extendió su brazo dorado y los despidió. Como recogió su mano con atención y cuidado, su madre no sufrió ningún daño. Entonces Brahma, y los demás dioses del Cielo de Brahma realizaron que su deseo de marcharse había sido conocido de antemano. Sabiendo que habían sido despedidos, circunvalaron al bodhisatva y a su madre tres veces, y marcharon. Finalmente, el bodhisatva dejó su mano quieta descansando mientras mantenía una gran atención.

Y entonces, monjes, desde el este, sur, oeste, norte, zenit, nadir, y desde cada una de las diez direcciones vinieron cientos de miles de bodhisatvas para ver al bodhisatva, para rendirle homenaje, servirle, oír el Dharma, y para cantar alabanzas al Dharma. Mientras estaban llegando, del cuerpo del bodhisatva comenzaron a salir rayos de luz que se iban convirtiendo en tronos, y entonces el bodhisatva indicó a los bodhisatvas que se sentaran en ellos. Tan pronto como estuvieron sentados, el bodhisatva preguntó y examinó a los bodhisatvas [71] con respecto a las distintas divisiones pertenecientes al Mahayana. Sin embargo, excepto los dioses que poseían igual fortuna, nadie fue capaz de percibir esto. Monjes, esta fue la causa, estas fueron las circunstancias por las que el bodhisatva emitió rayos de luz desde su cuerpo durante la tranquilidad de la noche, mientras todos estaban durmiendo.

¡Oh, monjes!, durante el tiempo en el que el bodhisatva estuvo residiendo dentro del vientre de su madre, Māyādevī no sentía pesadez en su cuerpo; sino que sentía ligereza, bienestar, y placer; y no padecía ningún dolor interno. Ella no experimentaba el sufrimiento del deseo, ni el sufrimiento del odio, ni el sufrimiento de la ignorancia. En su mente no había pensamientos de deseo, malevolencia, o deseo de herir. Māyādevī no experimentaba el sufrimiento del calor o del frio; ni hambre, ni sed; ni tristeza, ni tensión; ni cansancio. Ante ella no aparecía ninguna forma, sonido, olor, o textura desagradable; y tampoco tenía malos sueños. No estaba afectada por la coquetería femenina, el engaño, la envidia, o por las pasiones naturales femeninas.
En aquel tiempo la madre del bodhisatva observaba las cinco reglas de la disciplina; su conducta estaba guiada por la moralidad y estaba fortalecida por las diez acciones virtuosas. Y la madre del bodhisatva nunca tuvo ningún pensamiento de deseo hacia ningún hombre; ni ningún hombre pudo sentir deseo hacia la madre del bodhisatva.
 Durante este tiempo, cualquiera, fuera hombre o mujer, muchacho o muchacha, cuya mente estuviera poseída por otro, fuera un dios o un naga, yaksha, gandharva, asura, garuda, o bhutā, en la gran ciudad de Kapilavastu o en las áreas circundantes, solo tenía que mirar a la madre del bodhisatva para volver a ser dueño de sus sentidos.
Y similarmente, aquellos que no eran humanos pronto cambiaban su condición de existencia tras ver a Māyādevī.

Aquellos golpeados por las enfermedades surgidas de los desequilibrios del viento, bilis, y flema; los atormentados por las enfermedades de los ojos, [72] oídos, nariz, lengua, labios, dientes, o cuello; los afligidos por las inflamaciones de cuello y pecho; quienes padecían cualquier clase de lepra, sarnas, tuberculosis, locura, epilepsia, fiebre, enfermedades estomacales, enfermedades cutáneas, etc., todos ellos eran liberados de sus enfermedades cuando la madre del bodhisatva extendía su mano derecha sobre sus cabezas, y entonces podían retornar a sus hogares. Māyādevī también  recolectaba hierbas medicinales que utilizaba para curar enfermedades, y cualquiera que tomaba esos remedios quedaba completamente curado de sus aflicciones, recuperando su salud y vigor.

Cuando la reina Māyā miraba dentro de su vientre, podía ver al bodhisatva en el lado derecho, tan claramente como se ve una cara reflejada en un espejo limpio; y el verlo le proporcionaba una gran satisfacción, felicidad, y deleite; llenando su corazón de alegría y placer.

Monjes, a través de las bendiciones del bodhisatva que había entrado en el vientre de su madre, los instrumentos musicales de los dioses sonaban día y noche, y las flores celestiales caían como una lluvia. Soplaban los vientos, y las lluvias caían en momentos favorables, y las estrellas y las estaciones seguían su curso regular. En el reino se disfrutaba de alegría, y las cosechas eran abundantes. No había perturbaciones ni animosidad en ninguna parte.

En la gran ciudad de Kapilavastu, el clan de los Sakyas y también todos los otros, se regocijaban comiendo y bebiendo, divirtiéndose, dando limosnas, y haciendo buenas acciones. Pasaron los días entretenidos placenteramente como si fuera una celebración que durara cuatro meses. El Rey Suddhodana llevando la vida perfectamente pura de un practicante espiritual[8], se apartó por un tiempo de sus obligaciones de gobierno, y lo mismo que un asceta recluido en un bosque, se dedicó solamente a la observación de las prácticas espirituales. [73]
Monjes, estas condiciones fueron manifestaciones de los poderes milagrosos proyectados por el bodhisatva mientras permanecía en el vientre de su madre.

Entonces el Bhagavan preguntó al Venerable Ananda: “Ananda, ¿Te gustaría ver el Ratnavyhūa, la morada del bodhisatva en la que él residió tras entrar en el vientre de su madre?”
Ananda contestó: “¡Si, Bhagavan; me gustaría verlo, Sugata!”
Entonces el Bhagavan hizo que el Ratnavyhūa se hiciera visible para el Venerable Ananda; para Sakra, el jefe de los dioses; para los cuatro guardianes del mundo; y para muchos otros dioses y humanos; una visión que los llenó de satisfacción, contento, y deleite; y que llenó de alegría sus corazones.
Entonces Brahma volvió a transportar el Ratnavyhūa al Cielo de Brahma, donde construyó un caitya para él.

El Bhagavan se volvió a dirigir a los monjes: “Fue de esta forma como el bodhisatva, mientras estaba residiendo dentro del vientre de su madre durante diez meses lunares, maduró a treinta y seis millones de dioses y humanos en los Tres Vehículos.”

Con respecto a esto se dice:

“Cuando el bodhisatva, el Gran Ser, entra dentro del vientre de su madre,
La tierra con sus bosques se movió de seis formas diferentes.
Una luz de color dorado se difundió en todas direcciones, y todos los reinos inferiores se purificaron.
Todos los dioses se llenaron de alegría, diciendo: “¡El será el Rey del Dharma!”

La gran y hermosa mansión que resplandece con muchas joyas,
Es la residencia del Héroe, el Mejor de los Guías;
 Es brillante, y con la más perfumada de las maderas de sándalo.
Los tres mil mundos llenos de joyas no suponen un ápice de su valor.

De lo profundo del gran universo de tres mil mundos, surge el loto de Gunakāra, Que poseyendo el esplendor de los méritos puros, contiene dentro la gota de elixir. [74]
Tras siete días, alcanza el Cielo de Brahma,
Y Brahma recoge de él la gota de elixir, para ofrecérsela al bodhisatva.

No hay ningún ser que sea capaz de digerirla,
Excepto un bodhisatva de conducta pura.
Esta gota de elixir está formada por el mérito de muchos eones,
Y quien la consume se vuelve puro de cuerpo, habla, y mente.

Sakra, Brahma, y los guardianes del mundo fueron tres veces ante el bodhisatva
Para rendir homenaje al Guía del Mundo.
Tras rendirle honores y alabarle, tras haber escuchado el Dharma excelente,
Lo circunvalaron por tres veces, y partieron tal como habían venido.

Llegaron bodhisatvas de todas las regiones del universo, deseosos de oír el Dharma;
Se sentaron en tronos resplandecientes.
Tras haber oído el Dharma del Mahayana,
Partieron con los corazones alegres, recitando guirnaldas de alabanzas.

Las mujeres y niños afligidas por el sufrimiento, poseídos por espíritus,
Con problemas mentales, desnudos, y cubiertos de polvo;
Recuperaban sus sentidos al ver a la reina Māyā,
Y con la memoria y el juicio recobrados, volvían a sus lugares de residencia.

Aquellos que estaban enfermos de desequilibrios de los aires, bilis, y flemas;
O afligidos en cuerpo y mente por enfermedades de los ojos u oídos.
Aquellos afectados por diversas enfermedades de variados tipos y orígenes,
Eran curados cuando la mano de Māyā se posaba sobre sus cabezas. [75]

Y cuando Māyā recoge hierbas medicinales del suelo, y las da a los enfermos,
Todos recobran la salud, y retornan a sus lugares de procedencia.
Y eso era así porque el Rey de los Médicos, el gran remedio,
Ha entrado dentro del vientre de una madre.

Cuando Māyādevī mira su cuerpo, ve al bodhisatva dentro de su vientre.
Lo mismo que la Luna en el cielo está rodeada de estrellas,
Ella ve al Guía del Mundo, el bodhisatva,
Adornado con todos los signos de un gran hombre.

Ella no estaba atormentada por el deseo, odio, o ignorancia;
No tenía deseo sexual, ni envidia, ni malicia.
Con una mente satisfecha y gozosa, permanecía en el contentamiento y la quietud.
Nunca padecía el sufrimiento del hambre o la sed, o del calor o del frio.

Los sonidos de los instrumentos divinos sonaban sin tocarlos, incesantemente;
Mientras caía una lluvia de flores celestiales con los más dulces perfumes.
Los dioses y humanos aparcan sus diferencias,
Y no se golpean o hieren unos a otros.

Todos los seres están deleitados y felices; dan comida y bebida,
Dan gritos de alegría de felices y alegres que están.
El reino está en paz, y con prosperidad; las lluvias caen a tiempo;
La hierba, flores, y plantas medicinales crecen en su época.

Durante siete días y siete noches cayó una lluvia de joyas sobre el reino,
De forma que los pobres recibieron todo lo que podían coger y disfrutar;
Aquellos que una vez fueron pobres o estaban sufriendo,
Ahora son tan dichosos como los seres en los bosques de Nandana, en la cumbre del Meru.

Y el rey de los Sakya se dedicó al ayuno, suspendiendo las labores de gobierno;
Se dedicó únicamente a la práctica espiritual.
Cuando iba a entrar en el bosque de los ascetas, dijo a Māyādevī:
“¡Que grande debe de ser la alegría que sientes, llevando al más grande de los seres!”


Esto concluye el Capítulo Seis, sobre “El descenso dentro del vientre.”




[1] Un insecto de color rojizo.
[2] La Isla Rosada, nombre antiguo para designar el subcontinente indio.
[3] Monumentos dedicados a los Budas, o a grandes maestros.
[4] Satasahasravyhūa.
[5] Mas o menos una legua.
[6] Varios kilómetros o millas.
[7] Sakra.
[8] Brahmacharya